diciembre 20, 2009

Presentación de "El caníbal", de Juan Terranova

Constantino Bértolo (director de Caballo de Troya), Ignacio Lastra y David Vicente (editores de Ediciones Baladí) y Patricio Pron.

21 de enero de 2010
Casa de América
Plaza de la Cibeles, 2 (Madrid)
La información, aquí.

julio 04, 2009

"La construcción de la memoria": Entrevista de Damián Blas Vives

La entrevista, aquí.


Publicada en Evaristo Cultural. Revista virtual de arte y literatura 7. Buenos Aires, julio de 2009.

junio 26, 2009

¿Para qué sirve la literatura argentina?

La literatura argentina no sirve para que sus escritores se hagan ricos. Desde luego, tampoco sirve para que sus editores se hagan ricos. La literatura argentina nunca hará ricos a sus lectores, no importa cuánto lo intente. La literatura argentina no sirve para eso y tampoco sirve para solucionar ninguno de los problemas en los que los argentinos se meten periódicamente. La literatura argentina no puede remediar ni una sola injusticia, no puede restituir ninguna pérdida. La literatura argentina no sirve para ligar; desde luego, el escritor argentino liga más que el escritor alemán o que el escritor canadiense o, ya puestos a ello, que el escritor austríaco, que generalmente muere virgen después de asesinar a su madre y conservar su cadáver cuatro meses en el sótano de su casa; pero el escritor argentino liga muchísimo menos que el escritor francés o el checo, cuyas literaturas son las literaturas del ligue por definición; creedme, amigos: no hay nada que se pueda hacer para remediarlo. La literatura argentina no hará la revolución, por supuesto: no hay nadie que la desee menos que sus escritores. La literatura argentina, al menos la peor literatura argentina, se pondrá siempre del lado de las causas más estúpidas: dondequiera que haya algún miembro de la clase media argentina reclamando que el gobierno mete la mano en su bolsillo, allí estará la literatura argentina elevando su vocecilla ridícula. Pero no será la literatura argentina en su totalidad sino sólo un travestí de la literatura argentina; puede incluso que hasta tenga un bigotillo y hable con nostalgia de tiempos mejores. La literatura argentina no sirve ni siquiera para cambiar la literatura argentina. La literatura argentina no le devolverá la vida a Rodolfo Walsh ni a Haroldo Conti ni a Paco Urondo ni a Héctor G. Oesterheld ni a los miles de asesinados por la última dictadura; tampoco a los muertos en la miseria, a los que asesina la policía o los criminales, a los que lo perdieron todo. Sin embargo, la mejor literatura argentina se esfuerza, de alguna manera, para que sus vidas no hayan transcurrido para nada y en eso está toda su gloria. La literatura argentina sirve para restituir a través de la ficción un sentido de dignidad y de justicia a un país en el que ambas cosas suelen escasear. La literatura argentina hace de un vicio privado, la mentira, una virtud pública, y en eso se encuentra su interés y su fuerza. La literatura argentina que escriben César Aira y Ricardo Piglia y Alan Pauls y Rodrigo Fresán y Guillermo Saccomanno y Elvio E. Gandolfo y Damián Tabarovsky y Marcelo Cohen y Rodolfo Fogwill sirve sin quererlo para que los más jóvenes sintamos que tenemos una tradición de pertenencia, un país imaginario al que, a diferencia del verdadero, es un orgullo pertenecer. La literatura argentina sirve para que los argentinos nos sintamos más guapos aunque, como sabéis, un argentino no necesita a la literatura argentina para sentirse así. La literatura argentina sirve para hacer feliz a sus lectores, los argentinos y todos los otros. La literatura argentina, en definitiva, no sirve para nada; son sus escritores los que tienen que hacer que sirva, con su dignidad y su voluntad y su determinación.


Texto inédito. Leído en la librería Palabras (San Lorenzo, Argentina) en octubre 9 de 2008.

junio 25, 2009

"Un nuevo paradigma": Escribe Quintín

El artículo, aquí.


Publicado en el suplemento Cultura del diario Perfil. Buenos Aires, junio 20 de 2009.

junio 22, 2009

Lecciones y maestros: III Cita internacional de la literatura en español

Luis Mateo Díez, Antonio Muñoz Molina, Ángeles Mastretta y otros participan en estas jornadas organizadas por la Fundación Santillana y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Las jornadas pueden seguirse aquí.

Santillana del Mar, junio 22, 23 y 24 de 2009.

junio 10, 2009

Un intercambio epistolar con Elsa Drucaroff

NOTA: La narradora, docente, periodista y ensayista Elsa Drucaroff nació en Buenos Aires en 1957. Es profesora en Letras e investigadora en la Universidad de Buenos Aires y autora de los ensayos Mijail Bajtín: la guerra de las culturas (1996) y Roberto Arlt. Profeta del miedo (1998) y de las novelas La patria de las mujeres (1999), Conspiración contra Güemes: una novela de bandidos, patriotas, traidores (2002) y El infierno prometido: una prostituta de la Zwi Migdal (2006), además de haber tenido a su cargo la dirección de La narración gana la partida, onceavo tomo de la Historia Crítica de la Literatura Argentina dirigida por Noé Jitrik. Drucaroff es una de las críticas más atentas a la producción más reciente de los narradores argentinos "jóvenes" y el pasado lunes ocho de junio nos ha enviado el siguiente correo, que reproducimos en su totalidad. Si bien este Dossier de artículos no suele ser espacio de polémicas, incluimos esta carta por su contenido. Las mayúsculas, las cursivas y las negritas son de su autora. Nuestra respuesta puede leerse a continuación. Naturalmente, Elsa Drucaroff está invitada a seguir con este intercambio epistolar cuando lo crea oportuno y el atento lector a sacar sus conclusiones.


CARTA DE ELSA DRUCAROFF

Patricio, leí en el número de abril de “Etiqueta Negra”, en la web, tu crónica sobre los escritores argentinos que viajaron a presentar la edición en España de la antología La Joven Guardia. Quiero decirte qué pienso de tu texto y su estrategia, y contarte algunas cosas que decidí. Esta carta es personal y no tiene como objeto polemizar con vos. Para eso, debería considerarte merecedor de semejante intercambio. Escribo para explicarte con detalle y claridad por qué ni polemizaré ni tomaré ya tu obra como objeto crítico.

Tu artículo es abyecto. Lo que repugna no es la ansiedad que leo ahí por posicionarte en el campo literario internacional (eso no es reprochable), sino la estrategia que elegís conscientemente para hacerlo: humillar, ridiculizar, denigrar y traicionar a tus colegas, pares, compatriotas, coetáneos, compañeros desde el comienzo, además, de oficio y de antología. Porque ellos no son, como parece en tu artículo, tus compañeros recién ahora. Ya los acompañabas en la primera antología, algo que “olvidás” mencionar, como si ya no quisieras acordarte de que fuiste uno de los jóvenes escritores argentinos práctica o totalmente desconocidos que aparecía por primera vez en una editorial grande, y como si quisieras fingir que ahora “no sos como ellos” (sin embargo, Patricio, acá no te conoce casi nadie).

Esa antología inicial no la leyeron los “generosos” lectores españoles a los que chupás las medias, la leímos generosamente los de acá, del culo del mundo, este país frustrante donde naciste, estudiaste, aprendiste la lengua con que escribís, leíste muchísimos libros que te impactaron y no eran precisamente alemanes, te hiciste escritor. Armás la risible ficción de que sos el refinado artista que se fue a la culta Europa y tiene que soportar la visita de los impresentables primos del campo. Pero la ironía te sale muy mal, cualquiera ve la hilacha por los cuatro costados. Una, apenitas, es el chiste que contás:

«Un argentino es un español que se cree norteamericano y en realidad no es más que un italiano pobre; por eso sufre como un judío».

En efecto, si algo mostrás en tu artículo es lo "argentino" que sos, en el peor sentido: uno que reniega de sí mismo. Gonzalo Garcés escribió una columna buenísima sobre eso, ¿la leíste? Habla de cómo en la literatura argentina se tiende a hacer fuerza para tratar de ser algo que no se es. Sólo que él reflexiona, no se burla, no se pone afuera de eso, como un superado. Es que le importa pensar, no posicionarse en un lugar superior al de los pelotudos que todavía tenemos domicilio en Argentina, donde no hay mercado de lectores casi y casi nadie logra vivir de la literatura, donde el premio Emecé no da los 24.000 euros que te dio el Jaén el año pasado, sino unos pocos devaluados pesos.

"Alguien habría tenido que decirles que la literatura consiste en leer y en escribir libros y que ésa es una actividad virtualmente antieconómica porque descansa sobre la búsqueda de un sentido esquivo a un mundo en perpetua confusión y nadie quiere eso en su casa a la hora del almuerzo. Alguien debería haberles dicho esto antes de que comenzaran a escribir su gran novela; pero nadie lo había hecho y yo estaba demasiado ocupado tratando de averiguar dónde, en qué punto del camino, la literatura argentina se había jodido."

Muy poético, Pron, muy patriótica tu pregunta. Claro, vos estabas demasiado ocupado en lo que realmente importa, mientras tus primos pobretones... ¿Hablamos un poquito del mercado y la literatura “pura”? Pensé bastante el tema, di incluso un par de seminarios en la facu sobre eso y escribí un trabajo. Lo encontrás en la web, en la revista “No Retornable”. A lo mejor te interesa ver cómo demuestro que una cosa es decir que la literatura es una mercancía socialmente molesta y revulsiva, lo cual es cierto, y otra muy diferente es la posición del “arte puro”.

Pero ya lo sabés, ¿verdad? ¡Porque por tu última novela “que busca un sentido esquivo y nadie quiere a la hora del almuerzo” una editorial comercial te dio 24.000 euros! La defensa del "escritor puro" es siempre una hipocresía. Puede ser una canallada, el argumento envidioso para los que no tienen la suerte de ganar dinero con lo que escriben, o un gesto aristocrático de clase. Vos querés inscribirte en este último, el problema es que es una clase a la que no pertenecés, muchacho. Fijate:

Si no hubieras recibido premios y oportunidades académicas de generosos gobiernos o instituciones argentinas o alemanas, ¿quién te garpaba tu carrerita académico-literaria? Estarías en Rosario, haciendo algún trabajo basura que este país reserva para tu generación.

Tus primos del campo tienen todo el derecho de querer vender su obra cuando llegan a la gran ciudad. El arte es una necesidad social y la literatura, por ende, un oficio socialmente necesario que debería ser dignamente remunerado. En la sociedad en que vivimos, todo producto del trabajo, incluso el arte, se vuelve mercancía y se vende en el mercado. En la Argentina casi no hay mercado literario y eso no es bueno como creen algunos tarados, eso es terrible. Por eso no volvés, ¿no?

¿Qué el mercado también tiene cosas terribles? Por supuesto, pero la opción no es arrodillarse ante él o darle la espalda, y lo sabés muy bien, ya que no hacés ninguna de las dos. Igual que Neuman, que Schweblin, que Maxi Tomas, que muchos otros, maniobrás para defender tu derecho a vivir de esto y ser leído por muchos, escribiendo lo que querés. Sólo que ellos y muchos otros no maniobran humillando y ninguneando compañeros de trabajo.

El áureo Adorno garpaba cara la entrada en el teatro para escuchar a Shostakóvich y si intelectualizaba su molestia por la radio, era porque ahora cualquier chiruso puede escucharlo. Si no recuerdo mal tu origen social, que me contaste cuando cenamos juntos en Baires, el hijo de peronistas gremialistas que muy probablemente no hablan alemán debería saberlo.

Yo no conozco otro modo de vivir que no sea vender mi trabajo, ¿vos? Y mi trabajo es lo que escribo. Bah, sí, podría robar pero no quiero. O vivir de algo que no sea la literatura, pero resulta que igual que vos, que Schweblin y los otros, creo que mi literatura se merece circular y llegar a muchos. Y eso, en este mundo, quiere decir vender bien. Claro, soy argentina. Los escritores cosmopolitas que viven en Europa no tienen intereses tan bajos, deben vivir del espíritu del Romanticismo alemán, como vos.

Es cierto: que el arte se venda en el mercado abre la posibilidad de venderse uno mismo, y no es igual. Una cosa es vender tu obra, otra entregar tus convicciones artísticas, tu integridad ética, prostituirte. Pero prostituirse no es querer tener un agente en Europa o averiguar cómo se entra a un mercado mejor que el pequeño que tenemos. Prostituirse es estar dispuesto a cualquier cosa para posicionarse, por ejemplo escribir ese artículo en “Etiqueta Negra”.

¿Acaso vos no tenés agente? En España todo se mueve por agencias literarias, no hay otro modo de llegar a una editorial. Como si tu artículo no fuera todo él la venta de una imagen, lamentás que hoy el escritor tenga que vender imagen además de una obra, pero acusás a tus colegas de eso, a los laburantes, a los que no pusieron esa regla del juego del mercado editorial. Los escritores que nombrás fueron allá por pocos días y creyeron que vos, compatriota, compañero de laburo y antología desde el principio, podías a lo mejor darles una mano.

¡Qué asco, quieren ver cómo se hace para llegar a Frankfurt 2010! ¿Vos no? Yo sí, como cualquiera. ¿Vos lo vas a rechazar si te invitan? ¿O será que te creés que vas a participar en Frankfurt de una, sin necesidad de buscar cómo, porque andás “exitoso”? En todo caso, ellos no, ellos no andan “exitosos” (todavía... cuidado...) y quieren ver si encuentran la llave. No se la merecen menos que vos.

Me harta la hipocresía de la postura “pura”, me hartan los argentinos envidiosos que atacan a alguien porque le va bien en el mercado cultural, porque le filmaron su novela en Europa, como a Guillermo Martínez, o porque gana viajes a lugares lindos. Inventan razones “políticas” o “morales”, gestos supuestamente vanguardistas antiburgueses para ocultar la única verdad: echan espuma por la boca porque no les tocó a ellos. Vos sos la otra cara de la moneda, echás flit a los que están "por llegar", como si ya hubieras llegado a algo.

Pero tu disfraz de "escritor puro" es simple prostitución: un escritor de Rosario enmierda a sus colegas argentinos con un texto que no habla de literatura sino que construye una “figura de autor puro” mientras lame el culo de los lectores españoles, ahora que ganó ahí un premiecito y está visible un rato.

Te mostrás dolido porque los primos del campo, en vez de hablar con vos de “lo único que importa”, el arte, te preguntan qué porcentaje se llevan los agentes. Por supuesto, Pron, ellos llegaron a Europa, igual que vos muy probablemente, gracias a subsidios. Y si llegaste ahorrando en tiempos de plata dulce o vendiendo algo, importa poco para mi razonamiento. Pero a diferencia tuya, no fueron a quedarse y no tienen tiempo para charlar de literatura, eso que sin duda es lo que más nos importa a los escritores. Ellos no cuentan con años para encontrar el agujerito por el que entrar al mercado europeo, tienen pocos días y creen que ese argentino que ya logró algo es un buen tipo. No son ingenuos, es que en general la NNA se ha organizado acá con un espíritu bastante colaborativo y solidario, aunque nunca falta gente como vos (como en cualquier lado), no es la que marca la tendencia, felizmente.

El problema no es que critiques la cultura argentina, que como cualquier cultura, tiene cosas patéticas. Lo que indigna es la injusticia de tus críticas y tu programa de ser un renegado que parece creer, bastante ingenuamente, que así va a hacerse perdonar que es sudaca.

“viajé a Alemania para estar en el sitio en que se habían escrito los libros que yo había leído y por los que yo había decidido convertirme en un escritor”

Un muchacho del Interior que mientras se asquea por sus compatriotas proclama que se hizo escritor por los libros alemanes mueve a risa por lo obvio de su operación. Ser un lector tan poco generoso, Patricio, se paga caro. Tu estrategia es sobre todo idiota: escupís para arriba, "alguien debería haberte dicho" que todo lo que sube baja. No tus colegas argentinos, ellos "estaban muy ocupados" en usar sus días en Europa para lo que vos usaste estos años. Pero ya debés saber que entre tus amados alemanes sos nada más que un sudaca que habla con acento, y entre tus generosos españoles… ¡el mismo sudaca que habla con acento!

Ya que hablás de lectores generosos, te cuento que si yo te leí fue por Alejandro Larre. No era tu amigo ni español, no buscaba nada a cambio, no sé siquiera si te conocía. Te había leído, eso le bastaba. El porteño y poco glamoroso Larre malvivía entonces bancándose solo con 24 años, un trabajo basura sudamericano y horas de cursada en la roñosa Facultad de Ciencias Sociales, con bancos e inodoros rotos. Vos entonces disfrutabas de la docta universidad del primer mundo, pero en el primer mundo no existía un solo europeo al que le preocupara leerte. Larre, en cambio, estaba obsesionado, igual que sus amigos con quienes hacía “Mil mamuts”, por descubrir escritores en la subdesarrollada América Latina. Robaban guita a sus magros ingresos para publicar la revista que jamás utilizaron para hacer operaciones propias de autor ni para consagrar a alguien pateándole los huevos al de al lado, pero no por eso renunciaron a utilizarla para posicionarse merecidamente en el campo intelectual, algo que a la larga siempre confluye, directa o indirectamente, con el mercado. Es que ese no es el problema, Patricio, el problema es cómo, el problema es qué turradas estás dispuesto a hacer para eso.

Yo te leí gracias al generoso lector argentino Larre: en “Mil Mamuts” y en un librito que él me prestó y te pagó este país (el Fondo Nacional de las Artes), por el que, muy injustamente, no habrás visto un centavo: una editorial chica hizo su negocio con el subsidio que generosos lectores del jurado argentino (hay más de uno, ¿viste?) te adjudicaron. Tu libro fue derecho al depósito, claro, la editorial había hecho caja, el subsidio ya cubría su ganancia. ¿Para qué gastar en distribuirlo? No precisaba venderlo para que se leyera, ya había vendido el servicio de impresión al Estado. Pero a Larre le importó, primero, leerte, después, que te leyera yo. ¿Por qué? ¿A qué no sabés la respuesta? Acá sí, acá se puede decir sin hipocresía: “literatura pura”, ni más, ni menos.

Miro tus ediciones y sos tan transparente: te bancaron la municipalidad de Rosario, el FNA, ganaste concursos por los que instituciones argentinas permitieron que tu obra fuera negocio para alguien… No para vos, claro, sino para los dueños del kiosco. Pero está buenísimo que no hayas cobrado porque así te mantenés puro, no como ahora que te dieron el premio Jaén y se te ensuciaron las manos, ¿ya devolviste el dinero? De tu razonamiento se deduce lo que deberías hacer: quedarte con la sublime Literatura y donar el vil metal a tus amigos pobres de La joven guardia.

No discuto "la generosidad" de muchos "lectores españoles", pero ya deberías haber entendido que en todos lados hay generosos y también soretes, y que los soretes siempre lo van a ser y sólo te van a reconocer como escritor cuando no tengan más remedio, o les convenga, es decir… cuando te hayan reconocido primero los generosos. Así que, mi querido muchacho, la mala noticia es que dependés de la generosidad de tus colegas y críticos, esos son los que te van a consagrar. ¿Lo vas a conseguir escribiendo cosas como estas? Si ser un buen tipo no te nace, por lo menos fingílo, no llegaste tan alto como para sacarte la careta.

Ignoro cuán amables son con vos los españoles después de haber ganado el Jaén y al menos no tener que volver a golpear por ahora las puertas de la municipalidad de tu pueblo natal, a ver si te paga un libro; pero me atrevo a augurar que mostrando tu abyección tan prontito los vas a perder también a ellos.

Me alegré cuando leí, el año pasado, que habías ganado ese premio. Me alegró que un escritor de la joven guardia tuviera un premio importante afuera; te había leído y además sé que uno al que se le abren las puertas puede ser la puerta abierta para más. Me alegró que ganaras guita por fin con tu digno trabajo. Te escribí felicitándote, creo, lo anuncié en mi ciclo cuando te invité a leer. Ahora lo que me alegra es que alcanzó tan poco para entender quién sos: te mareás rápido, Pron. Una de mis frases favoritas es esa de Kipling: el éxito y el fracaso son dos impostores. Pensala. Los depresivos se creen que ellos y su obra no valen porque fracasaron, me ponen triste y me inspiran solidaridad. Pero los idiotas –tu caso- se creen que ellos y su obra valen porque obtuvieron un triunfo… No, Patricio, ese es el otro impostor, nada más. Tu obra vale en sí misma, le vaya bien o mal. Cuidado, es poquito todavía el licor que te dio la vida para que te emborraches de este modo, humillando colegas sólo llenás tu incipiente camino ascendente de gente que ya mismo está deseando que te caigas. Dicho en los únicos términos que te importan: tu estrategia no es un buen negocio.

Me reí cuando vi que te ridiculizabas, intentando ridiculizar a Andrés Neuman y a Samanta Schweblin. Obvio, desde tu perspectiva, el único modo de entrar es mover el piso al prójimo, y los que te "conviene" empujar entonces son ellos: los dos son escritores demasiado buenos, probablemente mejores que vos. Schweblin ya brillaba mucho en la antología en que participaste y ahora entra Neuman, que acaba de ganarse un premio de más importancia y más guita en ese mercado "no argentino" que babeás por conquistar. Tus palabras sobre Schweblin son particularmente repugnantes:

"Samanta Schweblin solía abrir los ojos y no decía nada; pero, francamente, ella nunca decía mucho. Los ojos de Samanta Schweblin parecían los de un venado que ve cómo la noche se parte en los haces de luz de un camión que se dirige hacia él y no puede moverse y quizás comprende que allí se acaba lo que se daba.”

Sutil ese “quizás comprende”: ¿tendrá cerebro una mujer? Si observa, piensa y calla, como Samanta, es que las mujeres son bobas; si habla mucho, podés recordarnos que somos charlatanas incontinentes; si enfrenta y pelea, histéricas; si no, sumisas. Demasiado lugar común para quien se jacta de servir en la mesa de los buenos burgueses platos que no quieren comer. Pero encima, demasiado lugar común despreciable. En el país bárbaro de tus primos del campo, despreciar a más de la mitad de la población es un defectillo en el fondo festejable por los de tu calaña, pero en tu amada y civilizada Europa, por suerte, no es mucho mejor que ser nazi.

“Samanta ya estaba entre lo mejor que hubiera escrito una mujer en Argentina en los últimos diez años, lo que no era exactamente mérito suyo sino culpa de sus colegas.”

El arte de insultar con economía: en la misma oración va el palo por ser minas, por sudacas y de paso para todos TUS colegas, tus. Te equivocaste de pronombre posesivo.

Bien, me anoticio: sos sexista además de trepador. ¿Sos antisemita también? ¿Homofóbico? Y los negros, ¿cómo te caen?

“no iba a escucharle decir mucho, ni en público ni en privado: Schweblin se deslizaba en silencio como el hilo dental por la boca descuidada de la nueva literatura argentina.”

Ojito con la metáfora irónica porque se te ven los lapsus, los "descuidos" de tu boquita pútrida: claro que Schweblin se te desliza como un hilo dental y te va sacando la carroña de pobre macho envidioso. No, Patricio, vos y yo sabemos que Samanta no está ahí porque es lo mejorcito que escribió una mujer, sino porque sus cuentos son de los mejores en la nueva narrativa, mejores que los tuyos a menudo. Pero entiendo: es un problema que sea mujer, porque una mina es un desencadenante infalible del sadismo en un varón mal bicho. Es fuerte la tentación de usar ahí el poder, ¿no? Nada como la carnada de una mujer puesta en el lugar de par, para desenmascarar machos de mierda.

Y ahora te toco yo, encima, otra mina, pobre Pron. Y me divierto haciéndote una lecturita lacaniana.

Va lo último. En tu artículo abyecto elegís con cuidado solamente dos humanidades para tratar con respeto: los "lectores españoles" y yo, a quien mencionás "generosamente" (aunque con trivialidad, resumís mal mi lectura sobre la nueva narrativa). Esto me obliga a diferenciarme, y por eso este e-mail. Si un psicoanalista puede decir “yo a Massera no lo tomo de paciente, no porque no precise terapia sino porque me repugna”, una crítica literaria puede rechazar a un escritor, merezca o no ser leído. Eso es lo que estoy haciendo. Decidí que no voy a leerte más, simplemente no existís más para la narrativa que yo trabajo. ¿Querés ser alemán? ¿Español? Podés ponerte a practicar el acento. Yo no voy a volver a leerte.

No ignoro que alguien puede ser una basura y un buen (incluso gran) escritor, hay muchos casos. Pero mientras esa mala persona está viva, no veo por qué hacer el trabajo insalubre de estudiarla. Si llegás a perdurar en el tiempo, ya habrá quienes te lean sin que les importe algo tan nimio como una canalladita mundana, una operacioncita de prensa, algo que desde luego habla de qué persona fuiste, no de los escritores a los que ridiculizás, pero NUNCA, NUNCA habla de literatura.

Se dirá que no es para tanto, que Massera es un genocida y vos no mataste a nadie. Cierto. Sólo que para matar, primero Massera buscó poder. No me consta qué harías vos si llegaras a donde él llegó, por el momento me consta qué hacés apenas cuando te premia una editorial del mercado europeo.

Y lo último, te recuerdo: esto no es una polémica sino una delimitación ética en forma de largo y razonado insulto. No te gastes en responderme, no me interesa.

Elsa Drucaroff


RESPUESTA DE PATRICIO PRON

Querida Elsa,

Qué pena que no te gustara mi artículo en Etiqueta Negra. Sobre él, apenas una consideración: todo es una broma (aunque quizás una de humor un poco esquivo). Y otra más: mi intención con ella era generar una discusión en torno a la noción del valor en la literatura y de lo que supone ser un escritor "exitoso" o pretender serlo; una discusión que creo que (al menos parcialmente) la crónica produjo y una de cuyas derivaciones es tu carta, que te agradezco.

Y aquí un par de consideraciones personales, que no pretenden invalidar tus argumentos (con algunos de los cuales estoy mucho más de acuerdo de lo que quizás supongas) pero vienen a cuento para que, al menos, conozcas la verdad. En primer lugar, ningún gobierno me dio ninguna beca ni subsidio para nada; ni el argentino ni el alemán: durante toda mi carrera, así como durante el período de escritura de la tesis doctoral, yo estuve trabajando, en periodismo principalmente y entre 2002 y 2007 en una oficina de documentación en la Universidad de Göttingen; y ya sabes cuán difícil es estudiar y trabajar al mismo tiempo. En segundo lugar, no, no tengo agente; siento decepcionar a tantos que me preguntan lo mismo. En tercer lugar, la "mano" a la que te refieres creo que sí se la he dado a mis "colegas": Terranova acaba de participar de una residencia para escritores de la Universidad de Alcalá y asistió a la entrega del Premio Cervantes a Juan Marsé gracias a que los organizadores me pidieron cuatro nombres de escritores latinoamericanos jóvenes y yo, naturalmente, di el suyo. En cuarto lugar, no, yo no tengo interés en estar en Frankfurt 2010: supongo que iré unas semanas antes o después de la Feria si se produce alguna publicación en alemán, pero ya he estado en ella y te aseguro que es un sitio bastante incómodo para cualquiera que no sea agente literario o editor o ejerza el funcionariado cultural en alguna de sus variantes. En quinto lugar, estoy muy agradecido con Alejandro (Larre) y nunca nadie me arrancará una sola palabra en su contra. En sexto lugar, no creo en la literatura pura; repito, todo es un chiste y una provocación destinada a que los buenos escritores argentinos jóvenes me enmienden la plana escribiendo buenos libros (pienso aquí en Havilio, en Terranova, en Cirelli, en Bruzzone, en Ronsino, en Coelho, en Funes, en Incardona; esos sí que son mis pares); sin embargo, si quieres mi opinión personal sobre las relaciones entre literatura y mercado, déjame decirlo de esta forma: creo que la literatura se debe comprar pero no creo que se deba vender. En séptimo lugar, jamás recibí un subsidio del Fondo Nacional de las Artes, de manera que no sé a qué te libro te refieres; por favor dímelo cuando puedas. En octavo lugar, me gustan los libros de Samantha, pero sigo pensando que ella lo hace tan bien como sus colegas femeninas lo hacen muy mal; siento que te sientas aludida. En noveno lugar, te propongo que te preguntes por qué si, como dices, yo he "traicionado" o "enmierdado" a mis colegas, estos han defendido mi crónica ante los medios; e incluso más, por qué habiéndola leído antes de su publicación (porque ellos sabían que yo estaba escribiendo mi artículo, ellos me dijeron qué cosas poner y qué no poner, y yo respeté su decisión), y habiendo tenido la posibilidad de veto, no lo hicieron y reaccionaron con entusiasmo.

Ah, y una cosa más: si me fui de Argentina (primero a Alemania y después a España) no fue por querer conquistar un "mercado", sino simplemente porque mis padres pelearon por un país en el que a mí y a ellos nos hubiera gustado vivir y perdieron la guerra. Mis padres fueron perseguidos, y yo crecí en un entorno de restricciones, medidas de seguridad y terror omnipresente que estaban destinados a nuestra preservación, la mía y la de toda mi familia. ¿Tú querrías vivir en un país que puede hacerte eso, a ti y a los tuyos? Yo no. Si mis padres hubieran ganado la guerra, quizás yo viviría en Argentina ahora pero, repito, ellos la perdieron y ya no hay mucho que se pueda hacer al respecto. Y el mercado no tiene ninguna importancia en este asunto: como dices, nadie sabe quién soy ni qué cosas escribo.

En cualquier caso, te ratifico aquí todo lo que he dicho sobre ti, tanto en la crónica como en mi artículo de Quimera acerca de la literatura argentina después de 2001. Y mi ratificación y mi respeto hacia ti y tu trabajo se ven confirmados por el entusiasmo con el que me has escrito. Simplemente espero que tengas la oportunidad de leer El comienzo de la primavera sin prejuicios porque el libro ha sido escrito para lectores inteligentes y aspira a intervenir en el marco de las relaciones entre literatura y memoria, sobre el que creo que tú has escrito. Negarse de plano a leer a un escritor a priori por sus opiniones o por su biografía no sólo constituye una pérdida para ese escritor, sino también para el propio lector y para la cultura en la que ambos se encuentran insertos, y (cuando ese lector/a es una crítica profesional como tú, que además posee un sitio en la institución académica argentina) es peligrosamente parecido a la censura.

Naturalmente, y si no tienes problema, incluiré tu carta y mi respuesta en mi Dossier.

Un beso,


P


RESPUESTA DE ELSA DRUCAROFF

Patricio, yo preferiría que no incluyeras mi carta en tu dossier. Elsa.


RESPUESTA DE PATRICIO PRON

Querida Elsa,

Las cartas son también de quienes las reciben. Publicaré en breve tu carta y mi respuesta en mi Dossier y, naturalmente, siempre tendrás un espacio allí para continuar dialogando.

Un abrazo,


P

junio 08, 2009

"Cuatro maestros del cuento latinoamericano: Quiroga, Borges, Rulfo y Bolaño"

Madrid, Miércoles 10, 17, 24 de junio y 1 de julio, en los Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja (c/San Bernardo 13, 3º izda.)

Más información sobre el taller de lectura, aquí.

Diego Medrano sobre "El comienzo de la primavera"

La reseña, aquí.


Publicada en El Comercio Digital. Gijón, mayo 30 de 2009.

La dinámica de la historia: Ezequiel Alemián sobre "El comienzo de la primavera"


Publicada en Cultura/Libros del diario Perfil. Buenos Aires, mayo 31 de 2009.

Diego Colomba sobre "El comienzo de la primavera"

La reseña, aquí.


Publicada en el suplemento Señales del diario La Capital de Rosario. Rosario, junio 7 de 2009.

Entrevista de Catalina Rossini en Hablando del Asunto (1 de 2)

La entrevista, aquí.


Publicada en Hablando del Asunto. Buenos Aires, junio de 2009.

abril 15, 2009

La Noche de los Libros

En el marco de La Noche de los Libros (puede verse el vídeo de presentación aquí), un encuentro con los lectores:

Librería La Felipa
c/Pilar de Zaragoza, 37 (Madrid)
23 de abril, 19 horas

Javier Goñi sobre "El comienzo de la primavera"


Publicado en Babelia, suplemento de cultura de El País. Madrid, 4 de abril de 2009.

abril 03, 2009

"Formas y reglas del cuento"

La información sobre el curso que tendrá lugar en La Casa Encendida (Madrid) entre el 27 y el 30 de abril, aquí.

marzo 25, 2009

"¿En qué año murió la abuela del portero?" Matías Néspolo sobre "El comienzo de la primavera"




Publicado en Quimera 302. Barcelona, enero de 2009.

La reinvención de lo nuevo: la literatura argentina después de 2001

1. En diciembre del año 2001 una serie de acontecimientos hizo pensar que el país que habitualmente llamamos Argentina llegaba a su fin. El intento de incendiar el parlamento, el acoso a la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo nacional, y el estado de crispación de quienes habiendo depositado su dinero en los bancos se veían impedidos de retirarlo, condujeron a un vacío de poder cuyo resultado más visible fue la renuncia del presidente de aquel momento y la sucesión de cinco presidentes en el período de un mes en el que nada, absolutamente nada, podía darse por garantizado. Era, o parecía ser, el final de un país que nunca había hecho mucho por merecer la gloria con la que, de acuerdo a su himno nacional, merecía vivir: una guerra de independencia contra un país ocupado en librar la suya propia, el asesinato de la población aborigen del país, guerras contra países miserables de los alrededores, la persecución por parte de todos los gobiernos argentinos de cualquier forma de oposición sin importar su signo, una sucesión de gobiernos democráticos débiles y de dictaduras férreas, una guerra insensata contra el Reino Unido por la posesión de dos islas, dos campeonatos de fútbol del mundo ganados y decenas de otros abandonados por la puerta trasera y a los golpes y notorias pruebas de una incapacidad sorprendente para administrar y conducir a la prosperidad a un país de recursos casi ilimitados. Eso, pero también —y sobre todo— la literatura, la fabulosa tradición de la literatura argentina que había dado a Jorge Luis Borges, a Juan Rodolfo Wilcock, a Roberto Arlt, a Manuel Puig, a Juan José Saer, a Rodolfo Walsh, a Leopoldo Marechal, a Julio Cortázar, a Macedonio Fernández, a todos esos grandes escritores que, como en el caso de Borges, habían cambiado definitivamente la forma de escribir y leer, no sólo en Argentina sino también en todo el mundo. Que esa tradición quedara interrumpida —si, como todo parecía indicar, el país desaparecía aquel diciembre de 2001— era una pena, pero los argentinos tenían cosas más importantes en la cabeza en ese momento que la supervivencia de su literatura nacional. Un país que se sume en la anarquía y en la desesperación no es algo que uno quiera mirar muy de cerca.

2. Sin embargo —y como es habitual en Argentina— al final sucedió lo más improbable: el país sobrevivió a su propio colapso. Con él sobrevivió también su literatura, que surgió de la crisis extrañamente fortalecida y con una diversidad y una prosperidad que nadie podía siquiera soñar cuando en diciembre de 2001 las editoriales dejaron de publicar libros, las librerías comenzaron a cerrar sus puertas y los lectores perdieron el interés en cualquier otra cosa que no fuera la brutal, pura y dura supervivencia. Lentamente, tímidamente al principio, los sellos retomaron sus calendarios de publicación, las librerías comenzaron a comprar libros, aparecieron nuevos autores y los lectores regresaron también. Y en el centro de todo eso estuvo Buenos Aires, la capital argentina de más de diez millones de habitantes donde se concentra un tercio de la población del país; la ciudad que no tiene límites, que se extiende hasta donde la vista alcanza en una sucesión de barrios residenciales, chabolas y calles rectas que tienen casas que emulan las de París y las de Madrid pero, en su mezcla de estilos, son profundamente argentinas; la ciudad que alguna vez fue llamada "la cabeza de Goliat" en un país del que se dice que, como el pescado, comienza a pudrirse por la cabeza; la ciudad donde están todas las casas editoriales de relevancia, la ciudad que posee las mejores y más grandes librerías del país —y, pero esta es sólo una sospecha, las mejores de América Latina—, la ciudad donde viven casi todos sus escritores y que reúne a la mayor parte de sus lectores. Buenos Aires, la ciudad que parecía destinada a llevar a la Argentina a la perdición contribuyó finalmente a la supervivencia de su literatura. Las páginas que siguen explican cómo lo hizo.

3. Lo primero que sucedió fue que en diciembre de 2001 los sellos de capital extranjero perdieron su interés en la literatura argentina tras la devaluación de la moneda local y cedieron temporalmente su sitio en las librerías a los pequeños sellos independientes que desde mediados de la década de 1990 venían publicando literatura innovadora, principalmente de escritores entre los veinticinco y los cuarenta años de edad y mayoritariamente poetas. Cuando estas editoriales pudieron ganar visibilidad en los escaparates, su crecimiento fue sostenido, principalmente gracias a que, al no responder sólo a intereses comerciales, pueden orientarse a la formación de escritores y de un público para ellos y no están supeditados a la necesidad de rendimientos inmediatos, además de que, al encontrarse en el territorio, pueden responder más rápidamente a nuevas tendencias y modas, al tiempo que la toma de decisiones —y, por lo tanto, la capacidad de arriesgar— está notoriamente simplificada porque no existe la necesidad de negociar nada con los responsables de las casas madres, cuyas agendas suelen ser diferentes a las locales. En la actualidad, Buenos Aires cuenta con editoriales de la calidad de Interzona, Adriana Hidalgo y El Cuenco de Plata, las tres fundadas por Edgardo Russo, probablemente el último editor argentino con una visión de lo que la literatura debería ser y una vocación y una voluntad para convertirla en eso. Las tres —junto a Mansalva, Entropía, Tamarisco, Eterna Cadencia, Tantalia y otras menos recientes como Simurg, Libros del Zorzal, Santiago Arcos, Bajo la Luna Nueva y Beatriz Viterbo Editora— se han consolidado como alternativas válidas a los sellos importantes, así como editoriales donde el lector puede encontrar una literatura que está viva[i], una literatura que a menudo sólo existe gracias al mecenazgo de sus propios autores —que en algunos casos deben pagar la edición para ver sus obras publicadas— pero que está viva y es el motor del cambio. Con las nuevas editoriales han aparecido también revistas como La mujer de mi vida o Mil mamuts y ellas han contribuido a la conformación de un nuevo público y a la aparición de nuevos autores.

4. La multiplicación de las posibilidades de publicación se vio acompañada precisamente por la aparición de lo que, a falta de un término mejor, podríamos llamar "una generación" de escritores menores de treinta y cinco años que, habiendo publicado antes o no, accedieron a las primeras planas gracias a la antología de Maximiliano Tomas La joven guardia (2005). Ésta fue precedida y continuada por otras antologías como Viene a cuento (2003), Una terraza propia, selección de narradoras argentinas realizada por Florencia Abbate (2006), En celo (2007), cuentos sobre sexo elegidos por Diego Grillo Trubba, y la interesante Buenos Aires / escala 1:1, una antología de relatos breves sobre barrios porteños realizada por Juan Terranova (2007), que han contribuido a una saturación de antologías sobre fútbol, la década de 1990, casos policiales, y así hasta el hartazgo. Sin embargo, lo que distingue a La joven guardia es el haber sido concebida como parte de una estrategia de intervención generacional que, con la etiqueta de "lo nuevo", contribuyó al posicionamiento de unos escritores que carecen de estéticas similares o de inquietudes políticas comunes pero comparten un proyecto estratégico generacional y ciertos referentes comunes, provenientes principalmente de la cultura popular de las décadas de 1980 y 1990. Muchos de ellos —Pedro Mairal, Gabriela Bejerman, Washington Cucurto, Romina Doval, Gonzalo Garcés, Gisela Antonuccio, Juan Terranova, Alejandro Parisi, Oliverio Coelho o Samantha Schweblin— son de o viven en Buenos Aires y a ellos hay que sumarle los nombres, también porteños en su mayoría, de, Paula Varsavsky, Juan Incardona, Ariel Bermani, Mariana Enriquez, Beatriz Vignoli, Claudia Feld, Eduardo Muslip, Federico Falco, Ignacio Molina, Félix Bruzzone, Mariano Dupont, Alejandra Laurencich, Eloísa Suárez, Pablo Toledo, Gabriel Vommaro, José María Brindisi, Carlos Schilling, Maximiliano Matayoshi, Andrés Neuman, Fernanda García Lao, Gabriela Liffschitz, Andrea Rabih, Hernán Vanoli, Violeta Gorodischer y Bettina Keizman. Según el crítico y escritor Noé Jitrik, lo que los emparenta es una "variedad muy grande de poéticas y cierta libertad respecto de los géneros". Para Elsa Drucaroff —probablemente la crítica más atenta al presente de la literatura argentina—, "su estética elude el realismo decimonónico y prescinde de entonaciones trágicas" aunque "los tonos son bajos, melancólicos, hasta jocosos, nunca urgidos o dramáticos"[ii]: el minimalismo narrativo, la literatura fantástica de tema estrictamente argentino —lo que distancia a quienes la practican de las referencias ineludibles a Borges y Cortázar—, la revisión de géneros masivos como la ciencia ficción, el policial clásico y el de serie negra y cierto costumbrismo que pretende pasar por "realismo social" y suele ser generalmente humorístico o siniestro. Los temas de estos escritores son[iii] la infancia y la iniciación narradas desde la perspectiva infantil; los hechos históricos que dejan traumas familiares y personales, por ejemplo el golpe de Estado de 1976 y la dictadura posterior o la crisis de 2001; el viaje como experiencia vital e iniciación ineludible para el escritor argentino y la vida fuera del país; la cuestión del cuerpo, en particular del cuerpo femenino; la perversión; el consumo y las formas en que su práctica afecta a las relaciones humanas, y la crítica a los medios masivos, cuyos autores cultivan habitualmente en esos mismos medios.

5. Una explicación para la aparición de tantos escritores jóvenes y el aumento de su visibilidad puede encontrarse en el hecho de que, tras la debacle de 2001, los libros de los autores argentinos consagrados —publicados desde hacía años en España y a continuación importados a la Argentina— se volvieron demasiado caros para ser traídos, lo que llevó a la necesidad de "encontrar" nuevos autores que pudieran reemplazar a los anteriores. La triste situación de comienzos del año 2002 fue que libros de la importancia de Tratado de las sensaciones, de Arturo Carrera, En otro orden de cosas, de Rodolfo Fogwill, Mantra, de Rodrigo Fresán, o Cumpleaños, de César Aira, no pudieran ser leídos por los lectores argentinos por razones meramente cambiarias. El efecto de este fenómeno fue, sin embargo, provechoso. Los autores argentinos que se beneficiaron de esta situación tienen ya, en algunos casos, una voz propia y son la literatura del presente. La categoría de "lo nuevo", en la que todos ellos suelen ser incluidos, es probablemente la peor categoría con la que se puede ingresar al mercado literario, puesto que es el valor menos duradero de la literatura —en este caso, todos los escritores de "lo nuevo" dejarán de serlo cuando aparezca algo "más nuevo", y eso suele suceder continuamente— pero les ha permitido acceder a lectores que siguen su obra y esperan que eso "nuevo" cristalice en lo que podemos llamar "la literatura argentina", que no necesita excusas ni etiquetas para ser leída.

6. La irrupción de estos escritores, y la manera en la que han venido sumándoseles otros, fue posibilitada además por la aparición de formas alternativas de circulación y de promoción del escritor entre las que se debe mencionar la proliferación de páginas web y blogs, un formato este último que ha ido reemplazando progresivamente la tertulia literaria o el debate siempre más o menos envarado propio de las revistas literarias de las décadas anteriores. El blog se ha convertido para muchos escritores no sólo en un medio económico de publicar sus textos y obtener una repercusión casi inmediata sino también en un buen lugar para, beneficiándose del anonimato que otorga la red, insultar o desprestigiar a los escritores que no les caen bien y crear una legión de seguidores, en ocasiones tan virtuales e imaginarios como el propio escritor pero parte de un público que hasta hace poco tiempo simplemente no existía. Más interesante, sin embargo, es el auge de la lectura pública, transfigurada en este caso por prácticas más cercanas a las de los conciertos de rock o las performances de las artes plásticas que a las de la lectura pública tradicional; por ejemplo los ciclos de lecturas Carne Argentina, Los Villancicos Vrutales (sic), Rocanpoetry y Maldita Ginebra, o las así llamadas "performances literarias" en el bar Podestá, del barrio de Palermo, donde se realizan "jams de escritura" en las que los autores invitados deben escribir frente al público, en vivo y en directo, acompañados por la música de un DJ. Mientras los participantes de la jam escriben en un ordenador portátil sobre un pequeño escenario, sus textos aparecen en una pantalla, de manera que los asistentes pueden asistir al proceso creativo, con una atención fluctuante pero que, en los mejores momentos, ofrece un tipo de respuesta que un escritor puede utilizar en su texto. En este sitio, así como en ciclos en bares, galpones, casas ocupadas y clubes se está produciendo una literatura desencantada, fibrosa, desprolija y cercana a la actitud de honestidad fingida y desinterés por la técnica del punk o del rock más primitivo pero auténticamente nueva.

7. ¿Qué es lo nuevo que surge de los bares y de los sótanos de Buenos Aires? Novelas y relatos cortos que tienen como tema el rock, el sexo, la vida en los barrios y las marcas en el cuerpo del tipo del tatuaje, temas narrados en una lengua que, de tan cercana a la oralidad, parece su parodia. Una literatura que es publicada en blogs y en editoriales autogestionadas en la que se imponen una estética de la mezcla y la espontaneidad más absoluta derivada del uso de tecnologías como la del chat. Esta espontaneidad es esencialmente antiliteraria, en el sentido de que toda literatura requiere cierto tiempo de decantación, a la vez que el acto de lectura es por naturaleza mucho menos espontáneo que el de visión de un filme o de contenidos por internet. También es antiliteraria en el sentido de que quienes la practican aspiran a que "se escriba como se hable, y se hable con franqueza". Esta "franqueza" es para ellos el valor máximo de la literatura, lo que los lleva a olvidar que la literatura es esencialmente un acto de lenguaje, además de una forma socialmente aceptable de la práctica de la mentira, pero está dando resultados que sí son literarios: por ejemplo, las novelas de Leonardo Oyola, que cruzan una oralidad exuberante y una reescritura poco innovadora de géneros masivos como la roadmovie, el western y el policial. Oyola es miembro del Quinteto de la Muerte, que también conforman Federico Levín, Ignacio Molina, Ricardo Romero y Lucas "Funes" Oliveira. El grupo, que se ha hecho un nombre gracias a sus lecturas públicas, encarna un aspecto de esta escena underground: la recreación irónica del grupo literario que fue la figura social preferida por las vanguardias históricas. Los miembros del Quinteto, pero también los de otros grupos —el Grupo Alejandría y Casi Incendio La Casa (CILC) entre ellos, o los reunidos en la antología de Jimena y Matías Néspolo La erótica del relato (en prensa)—, no comparten intereses estéticos ni realizan un tipo de intervención programática, a la manera de una vanguardia sin contenido; lo que los une es la amistad entre sus miembros y la convicción de que la penetración en el mercado literario resulta más simple cuando no se lleva a cabo de forma individual.

8. Escrita en Buenos Aires, pero no sólo allí, la literatura argentina necesita ser publicada en la capital argentina para gozar de reconocimiento a nivel nacional, de allí que también sea válida en el plano de la literatura la afirmación tan frecuente en Argentina de que "Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires". Paradójicamente, algunos de los principales animadores de la escena literaria de la ciudad de Buenos Aires no son de allí, aunque viven y trabajan en esa ciudad, pero en esto radica la generosidad de la capital argentina, pese a toda su dureza. Quien pisa Buenos Aires se convierte en un escritor argentino en la tradición de Borges y Arlt y Puig y, para muchos escritores, toda dificultad es insignificante en la realización de ese propósito. Si la literatura argentina goza de una salud en general pasable, por lo general buena y sólo en ocasiones francamente mala o pésima es gracias a su ciudad capital, que es el escenario de otra reinvención de lo nuevo; pese a su fealdad evidente, sus dificultades prácticas y su violencia, Buenos Aires merece por ello un reconocimiento que quizás alguien le otorgue algún día.

[i][i] La más llamativa de estas pequeñas editoriales es Eloísa Cartonera, fundada por Washington Cucurto, Javier Barilaro y Fernanda Laguna en 2003. Se trata de una curiosa editorial en la que escritores, artistas plásticos y cartoneros colaboran en la confección de libros artesanales, elaborados con cajas de cartón recogido de la calle y con tapas pintadas a mano, páginas fotocopiadas y tiradas de entre quinientos y mil ejemplares, que reúnen textos de escritores como César Aira, Ricardo Piglia, Enrique Lihn, Mario Bellatin, Andrés Caicedo, Arturo Carrera y otros. Eloísa Cartonera trabaja con el resto, con lo remanente y echado a la basura, y no es improbable que su éxito —que comprende la imitación de la iniciativa en Perú (Sarita Cartonera), Chile (Animita), Bolivia (Mandrágora y Yerba Mala), Paraguay (Yiyi Yambo), Brasil (Dulcinéia Catadora) y México (La Cartonera)— se deba principalmente a que esos son los materiales de la literatura.

[ii] Ambas citas provienen del artículo de Drucaroff "Qué escriben los jóvenes". Clarín (15.05.2004).

[iii] Véase el artículo de Elsa Drucaroff "Nueva narrativa argentina: relatos de los que no se la creen". Perfil, Cultura (19.08.2007).


Publicado en Quimera 304. Barcelona, marzo de 2009.

marzo 14, 2009

En "Zoetrope: All Story"

La revista de Francis Ford Coppola dedica un especial a los "escritores emergentes" de América Latina, reunidos por Daniel Alarcón y Diego Trelles Paz; entre los relatos publicados está "La cosecha", traducido por Janet Hendrickson.

El artículo completo, aquí.

Aquí, la página web de la revista.

"La cosecha", aquí.

marzo 02, 2009

"La joven guardia" en El Boomeran(g)

El prólogo de Maximiliano Tomas, aquí.

El Boomeran(g). Madrid. Febrero de 2009.

"Dos huérfanos"

El relato, aquí.


Publicado originalmente en La joven guardia. Nueva literatura argentina. Selección y prólogo de Maximiliano Tomas (Buenos Aires: Norma, 2005) y ahora (Barcelona: Verticales de Bolsillo, 2009).

febrero 13, 2009

En Madrid

Presentación de La joven guardia. Nueva literatura argentina junto a Constantino Bértolo, Maximiliano Tomas, Samanta Schweblin, Diego Grillo Trubba y Juan Terranova.

Casa de América (Plaza de la Cibeles, 2). Jueves 19 a las 19.30 horas.

El anuncio, aquí.

El artículo de Ada Aparicio Ortuñez, aquí.

En Barcelona

Presentación de La joven guardia. Nueva literatura argentina junto a Ignacio Echevarría, Maximiliano Tomas, Samanta Schweblin, Diego Grillo Trubba, Juan Terranova y Rodrigo Fresán.

La Central del Raval (Elisabets, 6). Lunes 16 a las 19 horas.

El anuncio, aquí.

La auto(r)ficción en la literatura española y latinoamericana

Congreso en Bremen (Alemania). 6 al 8 de febrero de 2009.

El programa, aquí.

El resumen, aquí.

enero 02, 2009

Entrevista de Marcelo López. Fragmento de "Una puta mierda"

La entrevista, aquí.

El fragmento de la novela, aquí.


Publicados en el (muy buen) dossier dedicado a la Guerra de Malvinas del nuevo número de No Retornable (Argentina). Diciembre de 2008.

"Una novela alemana": Jorge Carrión sobre "El comienzo de la primavera"

La reseña, aquí.


Publicada en ABCD las Artes y las Letras (Madrid). 29 de noviembre de 2008.