diciembre 28, 2012

Corina González Tejedor sobre "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia"

"Al empezar a leer esta novela una cae en una especie de trampa [...]"

La reseña, aquí.


Publicado en Todo tiene un límite. Buenos Aires, 26 de diciembre de 2012.

diciembre 19, 2012

"The Agent of Social Change: Antiestablishment Metaphor in Patricio Pron’s 'Ideas'" [El agente del cambio social: La metáfora antisistema en "Las ideas" de Patricio Pron]: Un ensayo de Christopher Grapes

"[...] a harsh critique of oppressive government control and an investigation into subversive propaganda and social disorder."

El ensayo completo, aquí.


Publicado en la página web personal de su autor. 13 de diciembre de 2012.

diciembre 14, 2012

Dominique A. sobre "L'Esprit de mes pères" (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia)


"A pesar de su gravedad temática y de su voluntad de desenmascarar la verdad de los hechos, El espíritu de mis padres es un libro aéreo, que parece desprenderse directamente del pensamiento del autor: un pensamiento al principio algo incrédulo, tan entristecido como entretenido (entristenido, podríamos decir), y que se afirma a medida que se precisan los objetivos de una memoria recuperada."


Publicado en Le Monde. París, 7 de setiembre de 2012.


diciembre 10, 2012

diciembre 06, 2012

diciembre 04, 2012

Sigmund Jensen sobre "Mine foreldres ånd stiger i regnet" (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia)



"[...] compacto y exigente, pero también extraordinariamente gratificante. Patricio Pron escribe con inteligencia, talento, irreverencia, humor, voluntad política y autoridad, adentrándose en el pasado reciente de Argentina y trazando, a la vez, un retrato familiar, un caso criminal y una representación de la actual sociedad argentina. Pron ha sido señalado por Granta como un nuevo maestro de la narrativa en español. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que parece ejemplarmente traducido por Kristina Solum, es, en efecto, una pequeña obra maestra."

Publicado en Stavanger Aftenblad (Noruega), 15 de marzo de 2012.

noviembre 30, 2012

Bernard Quiriny sobre "L'Esprit de mes pères" (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia)


"Dense, intrigant, subtil, ce roman à cheval sur la fiction et l’enquête (Pron s’explique sur la question du genre en postface), très remarqué lors de sa parution en Espagne l’an dernier, peut déconcerter, mais s’impose comme une réflexion captivante sur la mémoire, l’histoire et l’héritage."

"Densa, intrigante, sutil, esta novela, a caballo entre la ficción y la investigación (en el postfacio Pron se detiene a explicar la cuestión del género), fue muy comentada tras su publicación en España, el año pasado; puede desconcertar, pero termina imponiéndose como una cautivante reflexión sobre la memoria, la historia y la herencia recibida".


La reseña, aquí.


Publicada en Evene, noviembre de 2012.

noviembre 29, 2012

Antología en Movimiento: Julián Rodríguez (editor, galerista y escritor)

"La librería madrileña La Buena Vida presenta un pequeño ciclo de conversaciones que el escritor Patricio Pron sostiene con músicos, cineastas, intelectuales y escritores que le interesan. Como todo proyecto de su tipo, Antología en movimiento está presidido por los gustos y las preferencias de su responsable, pero también por el deseo de propiciar diálogos que vayan más allá de los orígenes nacionales y el ámbito artístico de sus participantes. Es decir, por el deseo de realizar una antología (caprichosa, personal, discutible) de lo más interesante de la cultura española contemporánea según su responsable. Una serie de diálogos memorables que permitan cartografiar la escena, no sólo literaria de nuestro país, como si fueran las páginas de un libro que se va disolviendo en el aire a medida que es leído."
Jueves, 29 de noviembre, a las 20:30 horas
Julián Rodríguez, escritor, galerista y editor de Periférica

Más, aquí.


Publicado en la página web de la librería. Madrid, noviembre de 2012.

"L'Esprit de mes pères" (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia), finalista del premio Courrier International al mejor libro extranjero (Francia)

La noticia, aquí.


Publicada en Toute la Culture, noviembre de 2012.

noviembre 27, 2012

Lionel A. sobre "L'Esprit de mes pères" (El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia)

"Une quête à l’aveugle qui le ramène dans une Argentine piégée par la dictature. Construit comme un rapport circonstancié, presque policier, parce que « les enfants sont des détectives lancés dans le monde…sont les policiers de leurs parents », ce court roman de Patricio Pron, jeune auteur multi-récompensé par la critique espagnole, prend un risque : nous perdre au fil des pages. […] Il nous rattrape par la peau du dos, au détour d’une phrase nerveuse et incisive. Puis d’une autre terriblement efficace."

"Una búsqueda a ciegas que lo lleva a una Argentina atrapada en la dictadura. Esta breve novela está construida como un informe detallado, casi policíaco (porque «los hijos son detectives lanzados al mundo (...), son los policías de sus padres». Su joven autor, Patricio Pron, premiado varias veces por la crítica hispánica, asume un riesgo: perdernos entre sus páginas. […] Luego nos agarra por el cuello, a la vuelta de una frase nerviosa e incisiva; más adelante, otra de terrible eficacia".
La reseña, aquí.


Publicada en Senior Evasion. 8 de noviembre de 2012.

noviembre 22, 2012

"Los privilegios de la extranjería. 'El comienzo de la primavera' de Patricio Pron": Un artículo de Marcos Seifert

Introducción
La brecha de paralaje, término que proviene del campo de la astronomía, pero también conocido en fotografía, consiste en el desplazamiento aparente de un objeto dependiendo del punto de vista del espectador. Slavoj Žižek (2011) toma esta noción y la aplica a las grandes oposiciones binarias como: sujeto vs. objeto, materialismo vs. idealismo, economía vs. política. El filósofo esloveno afirma que la paralaje es productiva siempre y cuando se acepte que la confrontación entre polos irreconciliables no puede someterse a una síntesis que opaque o intente disolver la tensión y el conflicto. Este trabajo crítico propone que el concepto de paralaje rige la propuesta de la novela El comienzo de la primavera de Patricio Pron (2009). Escritor, nacido en Rosario, que desde el año 2002 ya no reside en el país. Lo desplazado en el caso de su novela es la historia cultural de Alemania, en particular, los acontecimientos ligados al desarrollo y consolidación en el poder del nacionalsocialismo, y el punto de vista del espectador es el del extranjero. La hipótesis en juego aquí postula que la posición de extranjería encarnada por el personaje de Martínez (profesor argentino de filosofía que viaja a Alemania con la decisión de efectuar una traducción de un libro de un filósofo alemán llamado Hollenbach) se construye, mediante una serie de procedimientos y argumentaciones legitimadoras, como un lugar de enunciación privilegiado que permite decir aquello que desde otros puntos de vista no se puede. El objetivo, entonces, es dar cuenta de cómo esta perspectiva de extranjería, propuesta hacia el final de la novela como desinteresada, es una ubicación estratégica y legitimada deliberadamente de diversas formas en el texto. Si la novela, al igual que la brecha de paralaje, deja en claro que la verdad depende de la distorsión de la perspectiva, al hacerlo coloca a la del extranjero en una posición destacada.

La traducción como apropiación
El contrapunto entre diferentes tiempos y lugares con el que se abre el primer capítulo es una constante estructural de la novela que ya desde su inicio propone un ida y vuelta entre perspectivas que convergen y divergen en distintos aspectos dando lugar a la formación de paralelismos y simetrías. A lo largo del texto, la investigación detectivesca que emprende Martínez en busca del filósofo Hollenbach anudará muchos hilos que se tienden y yuxtaponen en la conformación de cada capítulo. El joven profesor de filosofía entabla un intercambio epistolar con el filósofo Hollenbach (personaje ficcional a medio camino entre Heidegger y Wittgenstein) con el fin de pedirle autorización para la traducción al español de uno de sus libros. Ante su reticencia, Martínez decide emprender un viaje hacia Alemania para entrevistarse con él.

Se explicita la condición de la traducción en tanto problema de interpretación y apropiación. Si bien se pone en primer plano la búsqueda del autor, lo cual constituye la persecución de la fidelidad al depositario del sentido original, también está presente en las intenciones de Martínez la conciencia de la apropiación del texto ajeno:

El libro era un pequeño milagro, un objeto fascinante pero incomprensible. Al acabar el primer párrafo tuvo que claro que sólo podría entenderlo traduciéndolo, apropiándose mediante la traducción de las palabras de Hollenbach y dándolas al idioma en el que él describía el mundo (32).

La traducción es, entonces, entendida como un pasaje que “ilumina” el sentido del texto y lo vuelve comprensible. Este planteo se aproxima a la concepción derrideana en la que la existencia, significación e identidad del texto a traducir dependen por completo de la labor de traducción (1985). Se pone en evidencia que el sentido del texto traducido va más allá de su autor primero: la comprensión (la interpretación y traducción) no es simplemente reproductiva, sino también productiva (Gadamer, 2001: 136).

La propuesta de este trabajo de reapropiación se produce, además, en el contexto de un diálogo epistolar, es decir, ante otro problema de propiedad. La apropiación del discurso del otro en la carta se suma a la de ésta misma por aquellos a quienes no está dirigida. La carta es un significante que suscita robo y desvío. Esto es significativo, además, ya que el motor de la investigación detectivesca que tiene lugar en Alemania es el hallazgo de cartas.

La investigación y la traducción son en la novela las operaciones mediante las cuales la perspectiva extranjera propone llegar a un sentido que estaba oculto o vedado en el contexto alemán de origen.

Los debates de la cultura alemana de posguerra
Una vez llegado a Alemania, Martínez emprende su búsqueda de Hollenbach e inmediatamente se ve envuelto en un juego de pistas falsas y engaños ante el cual el filósofo se recorta como una presencia-ausencia inquietante y huidiza. Finalmente la pesquisa que correspondía a una labor de índole intelectual termina por ser una inmersión en la trama de complicidades y connivencias de los filósofos alemanes antes y durante el nazismo. El comienzo de la primavera, sostenida en una acumulación de predicados, descripciones y metáforas sobre lo alemán, interviene directamente en los tópicos de la literatura y la cultura alemana de posguerra. El eje mediante el cual el texto articula esta revisión de la sociedad alemana sobre su pasado es la pregunta no tanto por la responsabilidad colectiva sino por las culpas individuales.

Como señala Huyssen (2010) el debate en torno a verdugos y víctimas y a las responsabilidades respecto del Holocausto han ocupado a historiadores e intelectuales desde 1946 en adelante y ha recorrido un largo camino que va desde la consideración del nazismo como aberración criminal hasta su comprensión como parte que integra la historia e identidad alemana para las generaciones futuras (150). En la novela de Pron aparecen las dos consideraciones del debate articuladas desde la teoría filosófica de Hollenbach y su principio de discontinuidad que proponía una ruptura con la Historia como disciplina humanística preocupada por establecer un sistema de relaciones homogéneas entre todos los acontecimientos de un área espacial y temporal definida. (17)

Las discontinuidades eran la forma filosófica pensada para lo que sucedía a nivel político y se las entendía como pertenecientes al “campo de la aberración”. Pero también se afirma que hay “continuidades esquivas” y es en ese punto donde adquiere relevancia la investigación detectivesca-histórica que realiza Martínez. Restablecer las continuidades, enhebrar los hilos que conducen a Hollenbach y lo asocian al nacionalsocialismo es subsanar las distancias que se abrieron entre el reconocimiento de la culpa colectiva y la negación de la responsabilidad individual. La novela legitima la extranjería como el lugar desde donde puede establecerse esta continuidad borrada en el ámbito alemán.

La otra manera en que la obra articula el pasado y el presente es mediante lo siniestro. Hay un horror velado que acecha tras la calma de la sociedad con la que se encuentra Martínez, imágenes que sugieren atrocidades soterradas: la masa informe de conejos aberrantes que se reproducen en el sótano de la universidad, los maullidos de gatos masacrados dentro de una bolsa de tela, las aguas podridas que se esconden bajo una tersa superficie de hielo. Esta última imagen tiene un doble valor y revela el funcionamiento de la novela ya que es a su vez metáfora de la investigación del pasado alemán y de los modos de narrar. Pron utiliza el episodio como una descripción metaliteraria que figura el desarrollo de la investigación de Martínez en forma de un vistazo al “lago fétido” que se esconde bajo la superficie calma del presente alemán.

El texto de Pron está atravesado por las preguntas por los modos de narrar: dónde comienza una historia, cómo se relaciona un acontecimiento y otro, cómo un relato establece sentido. El autor utiliza anécdotas e imágenes que terminan por condensar y figurar metaliterariamente el funcionamiento interno de la narración. Por ejemplo, respecto a la documentación e investigación para pintar catástrofes aéreas que realiza una pintora se presenta la idea de que las pruebas parecen encajar de una sola manera cuando en realidad lo pueden hacer de muchas (185). Afirmación que no sólo se refleja en la investigación de Martínez, sino en la misma tarea literaria de Pron quien da forma a su ficción acomodando y manipulando las piezas documentales que explicita en la nota al final de su novela. Los planteos filosóficos de corte foucaultiano que critican al discurso histórico, además de ofrecer un marco para la intervención en el debate cultural alemán de posguerra, plantean un problema de orden narrativo.

La extranjería como privilegio.
En la medida en que la investigación detectivesca se concibe como una pesquisa textual de los rastros de la escritura de Hollenbach lo detectivesco y la traducción convergen y se sostienen en el lugar de extranjero de Martínez. En el texto se hace explícito que aunque este personaje se adentre en las grietas y aspectos negados de la cultura alemana y vaya más allá de su superficie no será nunca uno de ellos: “Pensó que ese era el único peligro del que se encontraba exento” (215). Si la consustanciación total es considerada un riesgo es porque en la organización narrativa del texto el lugar de la extranjería respecto a la cultura alemana es ventajoso.

Huyssen (2010) advierte cómo en el contexto cultural alemán un discurso memorialista omnipresente puede generar a su vez una forma de olvido. El caso de olvido público que menciona es el de la experiencia de los bombardeos de las ciudades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. El autor argumenta que este hecho se tuvo que olvidar a nivel social para que se pueda admitir plenamente el Holocausto. Este tema, recuerda Huyssen, emergió en primer lugar, en 1999 con el libro Guerra aérea y Literatura de Sebald (conocido en Argentina como Historia natural de la destrucción) y luego en 2002 con el libro El incendio de Jörg Friedrich. Sebald aborda en este texto lo que constituye el verdadero trauma alemán y acusa a los escritores de posguerra de no haber representado la destrucción de las ciudades alemanas. Por su parte, Huyssen sostiene que el olvido de los bombardeos es el precio que tuvo que pagar la sociedad alemana para evitar la victimización de Alemania que significaba su rememoración y lograr así un nuevo consenso respecto al pasado (151).

En su apropiación de los tópicos y debates alemanes, que incluye la representación de las víctimas de los bombardeos, Pron señala también un vacío o borramiento en una historia cultural en la que predomina el reconocimiento de una culpa colectiva, pero no el de las responsabilidades individuales. La enunciación de este vacío, se propone en la novela, depende de la ajenidad, es decir la ausencia total de relaciones con el pasado alemán. Pron le da una suerte de giro ético al tópico del viajero extranjero que aporta una mirada de la diferencia que permite dar cuenta de aquello que la cotidianeidad y la costumbre oculta.

El recurso que se utiliza para construir la legitimidad de este lugar de enunciación es la confrontación inmediata con una investigación paralela a la de Martínez. Mientras que el personaje de Lachkeller investigaba los vínculos entre Hollenbach y el nacionalsocialismo para ganar relevancia dentro de la escena académica alemana, la pesquisa del argentino se juzga como desinteresada, el deseo de una comprensión del pasado que no equivale a una búsqueda de rédito o a un ajuste de cuentas. Lo no desinteresado entonces sostiene la operación de la novela que legitima mediante la figura de Martínez su intervención en los debates culturales alemanes. El texto puede reponer ese vacío de las políticas de la memoria porque su autor no se encuentra comprometido de ninguna forma con el pasado en revisión. La elección, entonces, de los temas alemanes no es tanto un refugio ante el desarraigo (Martínez de ninguna manera es un exiliado), sino una estrategia de superación de las fronteras nacionales y de participación en el “mercado simbólico” internacional (Casanova).

En consonancia con esta operación la lengua de la El comienzo de la primavera es una lengua desarraigada. Su lenguaje que integra formas del español peninsular adquiere la apariencia de una “lengua traducida”, una lengua que lleva la marca de su inadecuación y pone una suerte de “distancia de traducción” sobre los acontecimientos. Es significativo que la novela narre justamente la historia de una traducción inconclusa de un texto de un autor alemán que la considera inútil e innecesaria. Las reflexiones filosóficas sobre la discontinuidad y continuidad sirven también para pensar las relaciones de la lengua literaria de Pron y la tradición.

Conclusión
Si el texto abordado reivindica la condición de extranjería, la traducción y apropiación de sentidos que se llevan a cabo no son las que disimulan o encubren su proceso de construcción deliberada, sino las que ponen en primer plano su lugar de artificio, de elaboración segunda que deja a la vista las marcas del texto primero (un ejemplo de esto es la transcripción del fragmento del libro de Hollenbach que se encuentra al final del libro). La novela hace explícita la brecha de paralaje en tanto mantiene la inconmensurabilidad de perspectivas (la alemana, la del extranjero) y no las resuelve en una síntesis totalizadora.

A la hora de pensar las diferencias con el argumento borgeano de los derechos que otorgan una pertenencia nacional periférica sobre el libre manejo de las tradiciones foráneas (1998), la distinción que emerge es de índole jurídica. Mientras que Borges plantea la relación con la cultura extranjera como un derecho (es decir aquel valor de justicia que se posee per se, de manera irrenunciable y no negociable, y que funciona de forma general), Pron la propone en términos de privilegio, es decir,como un valor que se obtiene y que etimológicamente remite a una ley privada, relativa a un individuo específico. La extranjería funciona para Pron como una ubicación privilegiada desde la que se puede decir más y mejor.

Bibliografía
Borges, J.L. (1997): “El escritor argentino y la tradición”, Discusión. Madrid, Alianza.
Derrida, J. (1985): The ear of the other. Otobiography, Transferrence, Translation. Texts and Discussions with Jacques Derrida. Lincoln, University of Nebraska Press.
Gadamer, H. (1960): Verdad y Método, Salamanca, Sígueme, 2001.
Huyssen, A. (2010): Modernismo después de la posmodernidad. Barcelona, Gedisa.
Pron, P. (2009): El comienzo de la primavera, Buenos Aires, Mondadori.
Žižek, S. (2011): Visión de paralaje. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

noviembre 14, 2012

Jaquelina Miranda sobre "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan"

La reseña, aquí.


Publicada en la página web de la librería Palabras Libros. San Lorenzo (Argentina), 7 de noviembre de 2012.

noviembre 13, 2012

"El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" en Paracitarme (Chile)

"[…] personalidades complejas y profundas, abismos insondables donde incluso las figuras reconocidas -el padre, la madre, la familia- se convierten en desconocidos. […] un delicado desgarro del que es imposible salir indiferente."

 La reseña, aquí.


Publicada en Paracitarme. Santiago de Chile, 10 de noviembre de 2012.

noviembre 05, 2012

"El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" en "Un libro al día"

"Pron lo ha hecho todo bien. Destacar un episodio de su experiencia personal, teñirlo de confidencia sin añadirle sentimentalismo, aportarle sentido del suspense, orquestar escenarios que apoyan ese sentido, no emplear páginas de más, usar un estilo impecable."

La reseña de Francesc Bon, aquí.


Publicada en Un libro al día. 4 de noviembre de 2012.

octubre 31, 2012

Latin-Amerika pa Litteraturhuset (Oslo, Noruega)

Más información sobre el festival, que tendrá lugar entre el 6 y el 10 de noviembre de 2012, aquí.


Publicado en la página web del festival. Noviembre de 2012.

octubre 27, 2012

"La voz de los hijos en la literatura argentina reciente: Laura Alcoba, Ernesto Semán y Patricio Pron" de Adriana Badagnani

1. Las representaciones de la dictadura
 
Las representaciones de la experiencia dictatorial argentina han sufrido diversas mutaciones. En la década del ’80 la estrategia implementada por los organismos de Derechos Humanos fue la focalización en el tema del Terrorismo de Estado entendiendo al Golpe como una cesura significativa. El tema central de la ensayística de los ’80 giró en torno a la democracia y sus condiciones de posibilidad; paradójicamente las nociones construidas sobre lo democrático tienen sus raíces en la reflexión a partir de la dictadura. Garramuño (2009) define la literatura de este período como escrituras que trabajan con los restos de lo real. Las experiencias del terror, la tortura y la persecución política aparecen como lo inenarrable. Los textos, ensamblados en torno a motivos alegóricos, se centran en la subjetividad, en la tactilidad y en la discapacidad de narrar como tema en sí mismo. De esta manera pueden ser analizados los trabajos de Gusmán, Lamborghini o Saer.
 
La caída del Muro de Berlín y el angustioso fin del primer gobierno democrático configuran un escenario de pérdida de certezas, de estallido de los sentidos, que inciden fuertemente en la visión que los ensayos construyen de la dictadura. A mediados de los ‘90 se asiste a una serie de declaraciones de los autores materiales del genocidio, que en una época marcada por la impunidad, rompen el pacto de silencio de las FF.AA. En simultáneo, comienzan a publicarse testimonios de militantes de las organizaciones armadas ya que en los ’80 la militancia era un tema incómodo. La literatura testimonial sobre el genocidio forma parte de un clima de época signado por la preocupación por este tema, aunque también produce una cierta saturación al hacer narrable aquello que es único, creando una hermenéutica de la derrota. Lo silenciado en los inicios de la democracia empieza a ser contado desde diferentes ópticas: el ensayo, la biografía, la autobiografía y la novela. En este contexto una nueva generación de escritores comienza a publicar en Argentina y elaborar su propia mirada sobre la dictadura.
 
2. La perspectiva de los hijos
 
Una perspectiva productiva para abordar el problema tiene que ver con la noción de los hijos. Es decir, si bien el concepto de generación ha mostrado un gran número de limitaciones para explicar determinados fenómenos literarios, podemos utilizar una idea de generación enriquecida por los aportes de Pierre Bourdieu (1984) y Raymond Williams (2009). Laura Ruiz (2005) menciona que el haber vivido su infancia y primera juventud bajo el “Proceso” y haber comenzado a publicar en el menemismo (y vivir una tortuosa llegada a la madurez en una época signada por la dificultad de acceder al mercado literario, conseguir trabajos formales, sumado al desencanto posmoderno posterior a la Caída del Muro de Berlín) deja profundas huellas en los textos de los escritores de los ’90. Particularmente en el caso la Dictadura, lo que caracteriza a los autores de esta generación es elaborar una mirada diferente sobre este momento que se separa de los relatos en disputa elaborados hasta el momento. Si bien estos textos retoman una tradición de escritos sobre el tema, existe una mirada diferenciada propia de quienes no vivieron el terror como un fenómeno identificable, sino como un miedo oscuro e innombrable que los oprimía en todos los espacios. Paula Guitelman (2004) describe de forma verosímil las sensaciones propias de crecer en un ambiente enrarecido por el clima político del terror. Esta vivencia particular de los años de plomo inaugura una nueva experiencia de la dictadura, la de los hijos. Entonces, lo que aparece centralmente en la literatura elaborada por esta generación es un intento de darle voz a los hijos. Si en los ’80 asistimos a la decisión de suministrarle voz a las víctimas, y en los ‘90 los esfuerzos aparecen concentrados en la palabra de los militantes, en los últimos años nos encontramos ante el intento por colocar en escena una voz nueva que se suma al coro polifónico, polémico, de versiones históricas encontradas, entrelazadas necesariamente con una mirada política sobre la cuestión.
 
De esta forma una operación interesante es el juego entre la palabra hijos (con minúscula) y la sigla H.I.J.O.S. con mayúscula. La aparición de la organización H.I.J.O.S. en 1995 marca un cambio en la política argentina a partir de prácticas políticas diferenciadas, como el escrache y la elaboración de un punto de vista propio. Es decir, si la agrupación retoma los discursos heredados, también incorpora elementos novedosos. Miguel Dalmaroni (2004), analizando la retórica presente en las revistas de esta agrupación y en los testimonios individuales de sus integrantes (Suárez Córica, 1996; Lamadrid y Gelman, 1997) da cuenta de este fenómeno: como existe una apropiación selectiva de la tradición como forma de reencontrarse con los ausentes. Si los cuerpos de los padres han sido sustraídos, negados y desaparecidos, los hijos se encuentran con ellos reponiendo sus saberes, visiones, legados presentes en canciones, poemas, ensayos y referencias propias de la cultura de izquierdas. Pero por otro lado, no nos encontramos ante un habla monolítica, sino que se trata de un discurso en formación en el cual los sentidos no se encuentran predeterminados, sellados, sino que están en construcción. De esta manera, incluso, se permiten el cuestionamiento de ciertos elementos ideológicos de sus padres: el rechazo de la violencia y la condena a las estructuras de mando piramidales con una conducción centralizada aparecen no sólo en el discurso, sino en la praxis de H.I.J.O.S.
 
Resulta interesante analizar como la retórica de HIJOS se entrecruza con otros hijos. Vale decir, aquellos que fueron víctimas en diferentes grados de la violencia política (¿no fuimos acaso todos víctimas de la violencia política?) pero no militan en la organización. Los autores con los que trabajo son este tipo de hijos con minúscula. Ernesto Semán es hijo de un militante del Partido Comunista, de orientación maoísta, que desapareció pocos meses después de golpe de 1976 cuando había regresado de China, país en el que había recibido formación político militar. La novela Soy un bravo piloto de la nueva China (2011) aparece construida en tres espacios diferenciados: Buenos Aires, ciudad a la que el protagonista regresa mientras su madre agoniza víctima del cáncer en el 2002; el campo de detención en el que estuvo su padre; y la isla, un espacio onírico y alegórico que escenifica el narrador para intentar comprender su problema de identidad, la trabajosa elaboración del duelo ante un cuerpo ausente e, incluso, el rencor hacia un padre que eligió la revolución por sobre la familia.
 
Laura Alcoba ha publicado recientemente Los pasajeros del Anna C. (2012), un libro en el que reconstruye el itinerario de sus padres cuando fueron a Cuba a recibir formación militar. Esta experiencia es narrada desde diferentes puntos de vista provistos por protagonistas que ensamblan un relato desapegado y desidealizado de aquel momento. El periplo a Europa del Este y de allí a Cuba coincide con la gestación y nacimiento de la propia Laura Alcoba. Por otra parte, ese largo viaje inaugura una cadena de errancia que culminará con el exilio en París, ciudad en la que Alcoba aún reside. La identidad de un sujeto del que nadie puede recordar el nombre falso con el que fue inscripto, el nombre apócrifo con el que ingresó a la Argentina, se vincula con el trabajoso proceso de construcción de la identidad y las máculas del exilio, que es un exilio hasta de la propia lengua, ya que las novelas de Alcoba fueron publicadas en francés y traducidas al castellano --Los pasajeros… es la tercera novela de Laura Alcoba, con anterioridad había publicado La casa de los conejos (2008) y Jardín blanco (2010). Una vez más, la demanda de los hijos hacia los padres como impedimento para vivir una niñez normal y las marcas que ese pasado deja en el presente.
 
Por último, la novela de Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2012), trata sobre el retorno a la Argentina del escritor, autoexiliado en Alemania, con motivo de la enfermedad de su padre. Las escenas, repartidas entre el hospital y la casa paterna, abordan la conflictiva relación con el progenitor y los borrados recuerdos de infancia. A partir de una carpeta que el hijo encuentra entre los papeles del padre logra identificar que el pánico asociado a la niñez, un miedo oscuro que continúa persiguiéndolo, se relaciona con las amenazas que se cernían sobre la familia a causa de la militancia de los padres.
 
Las coincidencias biográficas de los autores resultan demasiado tentadoras como para prescindir de ellas a la hora de comparar las producciones: en los tres casos nos encontramos ante escritores cuyos padres fueron víctimas, en diferentes grados, de la violencia política argentina. La historia de los padres es también la de los propios escritores en la medida en que la muerte, el exilio y el miedo dejan profundas huellas en los sujetos. Los tres autores residen fuera de la Argentina: Semán en Estados Unidos, Alcoba en Francia y Pron en Alemania. En los tres casos, pero especialmente en los escritores hombres, la relación con el padre aparece expresada como un drama kafkiano. Las enfermedades de la madre de Semán y del padre de Pron aparecen ligadas a escenarios posteriores al 2001 y funcionan en los relatos como alegorías de un derrumbe económico, político y social que se erige como un mojón significativo en la literatura argentina reciente. Pero más allá de las interrelaciones que se pueden trazar en las trayectorias biográficas, interesa analizar las coincidencias presentes en las obras.
 
Las tres novelas se recortan en un complejo espacio autobiográfico que ensambla realidad y ficción. Estos trabajos se constituyen a partir de pactos de lectura ambiguos ya que son a la par relatos que se recortan en un horizonte autobiográfico, pero que se construyen con los procedimientos de la novela. Estos autores generan un extrañamiento hacia aquello que se cuenta, como si quisieran eludir una primera persona autobiográfica que los colocara en el lugar de víctimas narrando sus propias desgracias. En cambio, la novela les permite un distanciamiento crítico de aquello que se narra en el que las opciones de los padres pueden ser puestas en duda.
 
Las marcas más significativas de los textos analizados tienen que ver con la estética de las ruinas. En opinión de Sandra Lorenzano (2001) esta concepción aparece como la contraposición con la estética fascista de los monumentos. En estos textos el estilo fragmentario da cuenta de las heridas, de las huellas dispersas de lo que es imposible reconstruir. En las tres novelas, por ejemplo, las fotografías juegan un rol fundamental. De esta manera se contrapone la memoria, que aparece siempre como una construcción caprichosa, con la foto, que al decir de Barthes (2012), representa el esto-ha-sido, colocándonos ante la reproducción analógica del pasado y de la muerte. Otro recurso presente es la utilización de entrevistas como forma de cotejar los diferentes puntos de vista a partir de los cuales se accede a una historia: de esta forma el testimonio pierde su estatuto como el territorio de la verdad, porque lo verdaderamente cierto es el sufrimiento y el dolor (Strejilevich, 2006). De esta manera los relatos huyen de las formas canónicas tanto como de los clichés políticos sobre el tema dado que elaboran una mirada polémica, políticamente incorrecta, pero que tampoco puede ser asociada a las voces críticas de la militancia o a las justificaciones del accionar militar. Estos escritos evaden también el relato tranquilizador: una historia que permita la reconstrucción de la propia identidad y de esa manera el vínculo conflictivo con los padres. Por el contrario, lo que estos autores exhiben es que nos encontramos ante una estética de las ruinas en la que el relato es imposible y por eso solo nos proponen sus huellas desordenadas. La propia imposibilidad de contar aparece entonces como el eje que mueve un relato disperso que paradójicamente, se presenta como lo inacabado y lo profusamente elaborado. El resultado son relatos intimistas de profundas implicancias sociales.
 
3- Coda
 
Patricio Pron parece hacer expresado con claridad el rol que cabe a los hijos en este período de revisión sobre lo que supuso la dictadura para nuestra sociedad: “Los hijos son los detectives de los padres, que los arrojan al mundo para que un día regresen a ellos para contarles su historia y, de esa manera, puedan comprenderla.” (Pron, 2012:12). De esta manera los relatos que los hijos urden sobre sus padres ponen fin al silencio y al vacío mediante la restitución de un coro de voces y del desorden del fragmento. La literatura elaborada por los hijos posee puntos de contacto con el discurso de H.I.J.O.S, pero aunque estas imágenes se solapen no coinciden enteramente: las zonas grises de la discrepancia política o del cuestionamiento familiar aparecen resaltadas en la mirada literaria.
 
Por último, es interesante destacar que el corpus de la literatura de los hijos que puede construirse no puede estar determinado por el grado de violencia sufrida por los autores rastreable en sus biografías (¿no hemos sido todos en algún grado víctimas de la violencia política?), ni por los temas abordados por estos escritores (ya que los textos pueden no hacer referencia a la política, la militancia, el dolor y la pérdida para ser literatura de la dictadura). La literatura de la dictadura elaborada por los hijos de este proceso se caracteriza por una estética de las ruinas y los fragmentos que signa la escritura de los escritores de una nueva generación. 
 
Bibliografía
 
Alcoba (2008): La casa de los conejos (Buenos Aires: Edhasa).
------ (2010): Jardín blanco (Buenos Aires: Edhasa).
------ (2012): Los pasajeros del Anna C. (Buenos Aires: Edhasa).
Barthes, Roland (2012): La cámara lúcida. Nota sobre fotografía (Buenos Aires: Paidós).
Bourdieu, Pierre (1984): Sociología y cultura (México: Grijalbo).
Dalmaroni, Miguel (2004): La palabra justa. Literatura crítica y memoria en la Argentina (1960-2002) (Mar del Plata: Melusina).
Garramuño (2009): La experiencia opaca. Literatura y desencanto (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica).
Gelman, Juan y Lamadrid, Mara (1997): Ni el flaco perdón de Dios. Hijos de desaparecidos (Buenos Aires: Planeta).
Guitelman, Paula (2006): La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken (Buenos Aires: Prometeo).
Lorenzano, Sandra (2001): Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura (México: Universidad Autónoma Metropolitana).
Pron, Patricio (2012): El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Buenos Aires: Mondadori).
Ruiz, Laura (2005): Voces ásperas. Las narrativas argentina de los ’90 (Buenos Aires: Biblos).
Semán, Ernesto (2011): Soy un bravo piloto de la nueva China (Buenos Aires: Mondadori).
Strjilecich, Nora (2006): El arte de no olvidar. Literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay entre los ’80 y los ’90 (Buenos Aires: Catálogos)
Suárez Córica, Andrea (1996): Atravesando la noche. 79 sueños y testimonios acerca del genocidio (Avellaneda: Ediciones de la Campana).
Williams, Raymond (2009): Marxismo y literatura (Buenos Aires: Las cuarenta).
 
* Adriana Badagnani es Licenciada en Historia, se encuentra realizando la Maestría en Letras Hispánicas. Es Becaria de Investigación en la categoría Iniciación por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Esta ponencia fue leída en el V Seminario Internacional de Políticas de la Memoria. Buenos Aires, 4, 5 y 6 de octubre de 2012.

octubre 25, 2012

"El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" según Francesc Bon

"Pron, se dice, es un fiel seguidor de la escuela de Bolaño. De todos los que he leído a los que se ha atribuido esta condición, Pron es el que lo hace con más merecimiento. Y no se trata de imitar estilos o estructuras o sablear ambientes. Se trata de escribir con prosa impecable, minuciosa y culta pero a la vez accesible y evocadora, de respetar al lector procurando seguir interesando a cada frase, y de dejar escapar con sutileza mensajes entre líneas, eludiendo lo panfletario y lo propagandístico. Así que hablamos de palabras mayores, de formidable literatura confeccionada, como mucha gran literatura se confecciona, en base a muy poco: a meras experiencias personales orquestadas y aderezadas para que muchos viajemos por sus páginas. Un formidable libro."

Más, aquí.


Publicado en el blog personal del autor. 24 de octubre de 2012.

octubre 04, 2012

Antología en Movimiento: Irene Antón y Rubén Hernández (Errata Naturae)

"La librería madrileña La Buena Vida presenta un pequeño ciclo de conversaciones que el escritor Patricio Pron sostiene con músicos, cineastas, intelectuales y escritores que le interesan. Como todo proyecto de su tipo, Antología en movimiento está presidido por los gustos y las preferencias de su responsable, pero también por el deseo de propiciar diálogos que vayan más allá de los orígenes nacionales y el ámbito artístico de sus participantes. Es decir, por el deseo de realizar una antología (caprichosa, personal, discutible) de lo más interesante de la cultura española contemporánea según su responsable. Una serie de diálogos memorables que permitan cartografiar la escena, no sólo literaria de nuestro país, como si fueran las páginas de un libro que se va disolviendo en el aire a medida que es leído."

Jueves, 4 de octubre, a las 20:30 horas
Irene Antón y Rubén Hernández, editores de Errata Naturae
 
Más, aquí.


Publicado en la página web de la librería. Madrid, octubre de 2012.

octubre 02, 2012

Una conversación con Teju Cole

La conversación, que tuvo lugar en el CCCB de Barcelona el 17 de setiembre pasado, aquí (en catalán).


Publicada en la página web de la Editorial Quaderns Crema. Setiembre de 2012.

septiembre 25, 2012

"Antología en movimiento", Marcos Giralt Torrente

"La librería madrileña La Buena Vida presenta un pequeño ciclo de conversaciones que el escritor Patricio Pron sostiene con músicos, cineastas, intelectuales y escritores que le interesan. Como todo proyecto de su tipo, Antología en movimiento está presidido por los gustos y las preferencias de su responsable, pero también por el deseo de propiciar diálogos que vayan más allá de los orígenes nacionales y el ámbito artístico de sus participantes. Es decir, por el deseo de realizar una antología (caprichosa, personal, discutible) de lo más interesante de la cultura española contemporánea según su responsable. Una serie de diálogos memorables que permitan cartografiar la escena, no sólo literaria de nuestro país, como si fueran las páginas de un libro que se va disolviendo en el aire a medida que es leído."

Martes, 25 de setiembre, a las 20:30 horas
Marcos Giralt Torrente
 
Más, aquí.


Publicado en la página web de la librería. Madrid, setiembre de 2012.

septiembre 24, 2012

"Le idee": Un relato en versión de Chiara Muzzi

El relato, aquí.


Publicado por liniadifrontiera, el blog de la editorial italiana del mismo nombre. Roma, setiembre de 2012.

septiembre 17, 2012

"Ciutat Oberta": Una conversación con Teju Cole

El anuncio, aquí.


Publicado en la página web del Centre de Cultura Contemporánia de Barcelona (CCCB), 17 de setiembre de 2012.

septiembre 10, 2012

"Los hijos, detectives de los padres: El caso de Patricio Pron y la dictadura argentina"

Blanca Fernández García (Universidad de Granada)

0. La capacidad de la literatura para representar la realidad es un tema que hunde sus raíces ya en las primeras teorizaciones en torno a la literatura. Cada época lo ha tratado de acuerdo con su propia visión del mundo y del arte y, por lo tanto, de manera diferente. En la Poética (1451b), Aristóteles observaba que en materia de representación, la poesía imitaba lo que podría ser, mientras que lo real se lo llevaba la historia que recogía lo que había sido. Ahí estaba la verdadera diferencia entre una y otra puesto que formalmente eran semejantes. Esta semejanza en las estrategias discursivas de los relatos históricos y los ficcionales, fue enfatizada en la segunda mitad del siglo XX con diversas consecuencias tanto en el ámbito de la historia como en el de la literatura.
Debido a esta similitud formal, algunos autores desde el ámbito de la historiografía dudaron del estatuto de verdad no sólo de los relatos abiertamente ficticios, sino también de los históricos. Al hacer recaer el peso de la comparación del lado del arte, no encontraron rasgos formales que acreditaran la verdad del relato histórico, por lo que terminaron despreciando los valores de uno y otro como portadores de verdad. Es decir, para estos historiadores (Hayden White en Estados Unidos y  Michel De Certeau en Francia) el hecho de que la historia se sirva de las mismas estrategias discursivas que la literatura, significa que el relato histórico también pertenece al ámbito de la ficción y por tanto, no hay nada en él que garantice la verdad en la representación de la realidad.
Frente a esta actitud escéptica, otros historiadores se han esforzado en demostrar que ambos relatos pueden documentar o conducirnos hacia otros documentos que ciertamente nos aproximen a algo de verdad. Es este el caso del italiano Carlo Ginzburg, que en una operación inversa a la de los escépticos, no duda en trabajar también con textos literarios y amplía el terreno cognoscitivo de las fuentes tradicionalmente usadas en historiografía hacia aquello que no se presenta como verdadero (lo ficticio) y también hacia lo que, presentándose como verdadero, resulta engañoso (lo falso). Para Ginzburg las posibilidades epistemológicas de la literatura son un reto que se le plantea al historiador: ambas artes se han influido mutuamente a lo largo de la historia ensanchando sus posibilidades y opciones creativas cada una al servicio de sus intereses[1].
Lo que para los historiadores resulta de alguna manera una conmoción dentro de las convenciones de la disciplina, ya que por un lado se la cuestiona como portadora de verdad y, por otro lado, se le ofrecen los tentadores terrenos de la ficción con nuevos retos epistemológicos, no lo es menos dentro de la práctica y la teoría en torno a la literatura. Cada vez más, las fronteras entre documento y ficción aparecen menos claras en las obras literarias. Ya no se trata, entiéndase, de un realismo decimonónico o de la literatura como reflejo de la sociedad. Los recursos que actualmente observamos por ejemplo en la disposición de los materiales constructivos de la novela, ya se muestren desnudos, o abigarrados, o cínicamente, por mencionar algunos modos, se alejan del tipo tradicional de relato que separaba muy bien lo que era ficción de lo que era real. Estamos ante un cambio de estrategia en la representación de la realidad. Si la historia se sirve del relato literario, la literatura también se puede servir de herramientas más típicas de la historia como puede ser el hecho de aportar pruebas. Por ejemplo, en lugar de trabar una historia verosímil con cierta linealidad, se prefiere una exposición de materiales, a veces inconexos, yuxtapuestos a distintos niveles, que al mostrarse descontextualizados logran subrayar su referencialidad y ofrecer así su particular representación.
Estos recursos de la literatura para renovar su capacidad de representación muestran su voluntad de  detentar un papel dentro del mundo. Si aquellos historiadores escépticos invalidaban todo tipo de discurso, parece que desde la literatura el esfuerzo va en dirección contraria: conquistar su parcela de verdad. Vale la pena recoger una cita de César Aira en este sentido, ya que nos habla de esta búsqueda de estrategias: “habría que pensar en una actitud, o en un estilo,  por los cuales lo escrito se volviera documento”, y además viene muy al caso ya que  encabeza la segunda parte de la novela que nos proponemos analizar.[2]

1. Walter Benjamin en la tercera tesis de filosofía de la historia advierte sobre la necesidad de que todos los acontecimientos, “sin distinguir entre los grandes y pequeños”, deban ser incluidos en la historia para dar cuenta de una verdad, para que ésta sea fuente de redención.  No sólo por este carácter escatológico nos interesa lo que dice Benjamin, sino porque viene a decir que la historia, como se ha entendido hasta hace no mucho (la de los reyes, las batallas, etc.) es una historia incompleta. “Nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia […] Sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos.” El sentido de esta recuperación, de pensar en un presente en el que todos los acontecimientos del pasado estén incluidos, contrasta con el carácter sesgado de una historia que es la historia de los vencedores.
En mayo de 2011 se publicó la novela El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron. En ella se trata desde la perspectiva de los hijos (los que nacieron a mitad de los años setenta) la historia de la dictadura militar en Argentina. Este período, que ya cuenta con bastante literatura, necesitaba ser contado por otros que, por motivos de edad, fueron como testigos mudos e ignorantes. Sin embargo, no por eso dejaron de vivir este momento. Poder contarlo es un ejercicio terapéutico (redentor, diría Benjamin) necesario, porque para ellos también ocurrió la historia y ellos acontecieron para ella. Cómo puede escribirse la historia de estas víctimas es lo que veremos en este artículo.
Uno de los rasgos de la novela es cierto punto en común con el género negro. En principio no es una opción original. Sólo hay que pensar en la tradición de la literatura de investigación sobre la violencia institucional como por ejemplo Operación masacre de Rodolfo Walsh, o la opción de Bolaño en Los detectives salvajes o en Estrella distante, por citar algunos. Sin embargo nos permite hablar del vínculo que hay entre memoria –histórica– y justicia. Esta relación, que parece bastante automatizada ya, remite de alguna manera a la esperanza que pone la una en la otra: se investiga lo ocurrido en el pasado para recuperarlo para la justicia, encargada a su vez, de restablecer el orden. Por eso nos parece tan natural que el género policíaco sea el cauce convencional para tratar estos temas. Y por eso también se trata de un género tan conservador.
Llegados a este punto, vemos ciertas contradicciones que surgen entre lo policíaco y la justicia. Por un lado tenemos el relato tradicional en el que los agentes de la ley, ya sean policías o detectives, se encargan de esclarecer crímenes para que las instituciones judiciales puedan actuar. Pero también hemos hablado de la historia de los vencedores, que en la práctica, como muestra la experiencia, tiene más que ver con el mantenimiento del “orden” que la de los vencidos. La policía y los jueces no serían sino herramientas de los poderes que dictan la historia oficial. Luego, ¿cómo puede escribirse sobre la historia de los abusos del poder (el caso de la dictadura argentina de1976-1983) utilizando un cauce consustancial a ese poder? Si la justicia no es justicia y el orden es el de la muerte, llegamos a un estado de duda sobre la legitimación de los discursos, vengan estos de donde vengan. ¿Cómo se puede uno desenvolver en esta situación? ¿qué documentos podemos emplear? ¿cuáles son legítimos...? Veremos entonces las estrategias narrativas que se emplean para salir de este paso, cuanto menos peliagudo.

2. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia de Patricio Pron es un proceso de recuperación de memoria. El narrador, que es Pron mismo, se presenta al comienzo de la novela viajando de Alemania a Argentina, para despedirse de su padre enfermo. Su vida, después de ocho años en Europa en los que ha consumido cantidades ingentes de pastillas, y ha visitado tantas veces al psiquiatra, se presenta como un “colador” lleno de lagunas y olvidos. El regreso a casa y la intromisión en el despacho de su padre, le conducirán a los documentos relativos al reciente asesinato de un hombre de la ciudad. La novela se sirve del paralelismo de dos búsquedas: el narrador quiere saber quién es su padre para explicarse su propia amnesia y reconstruir su propia historia, y se encuentra con que su padre, antes de caer enfermo, investigaba un crimen de un hombre desaparecido en los últimos meses.
El impulso documental que recorre las dos búsquedas de la novela, esa transgresión de la literatura hacia la historia, va a condicionar prácticamente todas sus estrategias discursivas. En primer lugar, el punto de partida es la idea de la memoria como algo muy débil, no sólo  la de alguien que ha consumido sustancias que le han hecho olvidadizo, sino también la de un niño con su peculiar percepción de la realidad. El narrador en primera persona se propone a sí mismo como un testigo amnésico, que además tiene una experiencia indirecta de los hechos, desde un segundo plano que le obliga a permanecer ignorante. De ahí por ejemplo la declaración de intenciones de la cita de Keruac al comienzo de la primera parte:
[...]the true story of what I saw and how I saw it […] which is after all the only thing I've got to offer. [La verdadera historia de lo que vi y cómo lo vi (...) que es, después de todo, lo único que tengo que ofrecer]
La voluntad de reflejar la realidad de la manera más honesta posible hace que el narrador se asuma como un narrador muy limitado y que la construcción titubeante de la novela sea un elemento más dentro de la narración. En este sentido, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia se parecería en muchos momentos a una novela sobre escribir una novela. Tanto la autoafirmación del yo narrador, el yo real del autor, como la problematización de la escritura, son ejercicios destinados a agudizar la intención documental. Una exposición tan evidente cuestiona en todo momento el punto de vista de quien escribe. De este modo el narrador consigue hacerse verdadero en un gesto rotundo de honestidad con la historia, con el lector y consigo mismo.
Escribir sobre la dictadura le exigía una forma más directa, sin “demasiados ambages literarios”[3] y lo resuelve plasmando la investigación “en tiempo real”, así como, lo que nos parece muy interesante, haciendo uso de una pre-comprensión de sí mismo y de su limitado punto de vista. Siguiendo la estela de esta última estrategia, la limitación es una de las claves narrativas que funciona como garantía no ya de verosimilitud, sino de verdad. No vamos a llegar a la verdad sino por las pequeñas cosas que pertenecen a la experiencia directa del narrador. Tenemos los recuerdos de infancia y los recortes de prensa y demás material reunido por su padre sobre la investigación del desaparecido Alberto Burdisso. Cómo se recogen esos documentos no deja de ser relevante: la transcripción exacta, con errores de todo tipo, respalda la voluntad de transcribir la realidad. La forma de exponer el material, recopilado tal cual, como piezas de un puzzle que el lector tendrá que asociar, elimina en muchos momentos al narrador intermediario que sólo se manifiesta en algunos “[sic]” oportunos. Así resulta mucho más eficaz por cuanto da la sensación de que lo documental emana directamente de esas piezas que funcionan como pruebas de la realidad de la que pueden dar cuenta.
Las dos búsquedas de la novela, la del padre y la de Alberto Burdisso, no son sino dos puertas (o la misma puerta) que nos conducen hacia la historia de Argentina. El extraño asesinato de Alberto, “un tonto faulkneriano” del pueblo, se explica por motivos económicos: había cobrado una indemnización del Estado por la desaparición de su hermana Alicia Burdisso durante la dictadura de la Junta militar, indemnización de la que pretendían aprovecharse los asesinos de Alberto. Alicia había sido amiga del padre del narrador y junto a él había militado en el peronismo. La búsqueda de Alberto Burdisso parece resarcir el inmovilismo de treinta años antes, cuando el miedo le impidió buscar a su amiga.
Por su parte el narrador, que busca a su padre, se sumerge en las raíces de la infancia para averiguar qué es lo que hizo que su familia no fuera una familia normal y qué es lo que hasta el momento actual pesa de alguna manera en su vida. Así llegará por su propio camino a elucidar el contexto político de su infancia, condicionante de su vida en familia, pero también de la amnesia en la que se había sumergido en Europa.
como quien acepta las mutilaciones que le ha infligido un accidente automovilístico del que nada recuerda. Alguna vez mis padres y yo habíamos tenido ese accidente: algo se había cruzado en nuestro camino y nuestro coche había dado un par de vueltas y se había salido de la carretera, y nosotros estábamos ahora deambulando por los campos con la mente en blanco, y lo único que nos unía era ese antecedente común. A nuestras espaldas había un coche volcado en la cuneta de un camino rural y manchas de sangre en los asientos y en los pastos, pero ninguno de nosotros quería darse la vuelta y mirar a sus espaldas. (pgs. 17-18)
El ajuste de cuentas con la memoria se va a ordenar como los pasos dentro de una investigación. Los dos desaparecidos exigen dos buscadores de la verdad. La pesquisa que se inicia en torno a Alberto y la recuperación del pasado de la familia del narrador parece que se van a encauzar por moldes detectivescos. Veremos en qué momentos se apunta esta posibilidad noire.
El padre de Pron, que es periodista, recopila todos los artículos de prensa y los informes de la policía sobre Burdisso. Hay un seguimiento progresivo del caso en el que poco a poco se va desvelando la información, hasta completar todos los aspectos en torno al crimen. La cuestión que se está tratando, un hombre desaparece y aparece muerto un mes después dentro de un pozo en un campo a las afueras de la ciudad, se amolda perfectamente a cualquier novela negra. Del mismo modo, los recortes de prensa y los informes de la policía que aparecen ordenados linealmente, siguen el curso de la  intriga convencional, en la que sólo al final se desvela quién es el asesino y cuáles fueron los móviles del crimen y las razones de la muerte.
Por otra parte, la idea de los hijos como “detectives de los padres”, aparece en distintas ocasiones a lo largo de la novela:
Los hijos son los detectives de los padres, que los arrojan al mundo para que un día regresen a ellos para contarles su historia y, de esa manera, puedan comprenderla. No son sus jueces, puesto que no pueden juzgar con verdadera imparcialidad a padres a quienes se lo deben todo, incluida la vida, pero sí pueden intentar poner orden en su historia, restituir el sentido que los acontecimientos más o menos pueriles de la vida y su acumulación parecen haberle arrebatado, y luego proteger esa historia y perpetuarla en la memoria. (Pron, 2011:12)
Al procurar dejar atrás las fotografías que acababa de ver comprendí por primera vez que todos los hijos de los jóvenes de la década de 1970 íbamos a tener que dilucidar el pasado de nuestros padres como si fuéramos detectives y que lo que averiguaríamos se iba a parecer demasiado a una novela policíaca que no quisiéramos haber comprado nunca. (142)
Pero en ambas ocasiones, la alusión al género negro se acompaña de matices y declaraciones que  justifican la subversión y la ruptura del molde.
Los hijos son los policías de sus padres, pero a mí no me gustan los policías. Nunca se han llevado bien con mi familia. (12)
pero también me di cuenta de que no había forma de contar su historia a la manera del género policíaco o, mejor aún, que hacerlo de esa forma sería traicionar sus intenciones y sus luchas, puesto que narrar su historia a la manera de un relato policíaco apenas contribuiría a ratificar la existencia de un sistema de géneros, es decir, de una convención, y que esto sería traicionar sus esfuerzos, que estuvieron dirigidos a poner en cuestión esas convenciones, las sociales y su reflejo pálido en la literatura (144)
El narrador se da cuenta de que quizá fuera fácil amoldar su historia en el cauce de una novela negra, pero no cede. Dentro del ejercicio de pre-comprensión que sustenta toda la novela, necesita romper con cualquier tipo de molde preestablecido para que la verdad o la novela-documento pueda funcionar como tal. Una escritura tradicional no conseguiría distanciar al lector como para que éste sintiera la historia como algo real y no solamente literario. Así lo confirma en algunas entrevistas:
cierto tipo de literatura policíaca que toma forma de novela negra para este tipo de crímenes porque dejan al lector la sensación de que éstos suceden sólo en la literatura y no se extienden al mundo real (en conoceralautor.com)
¿En qué rehuye el tratamiento habitual? Los casos reales, cuando tienen que ver con muertes, casi siempre acaban en novela policíaca. Yo las disfruto, pero al final el lector emerge a un mundo que cree mejor. Y yo no tengo la convicción de la que el mundo sea mejor que le que he narrado. (En La Vanguardia)
Tenemos un caso, documentos, pruebas, varias investigaciones en marcha, un comportamiento detectivesco con los mayores, sin embargo las convenciones genéricas de la novela negra no interesan. No se puede ya confiar en un género en una situación así. La visión tranquilizadora de un género de ficción no puede dar cuenta de la brutalidad de la historia. Aquí, la literatura, se ve en la necesidad de documentar. De ahí también la pertinencia, una vez más, de la cita de Aira: una actitud o una estrategia por las que lo escrito se convierta en documento. La solución más honesta tiene que ser un tipo de relato en el que las estructuras, las dudas, los objetos que se expongan no estén sometidos a las pautas literarias de un género concreto. El propio material será el causante de la forma episódica y fragmentaria y del carácter insurrecto del discurso.

3. La historia reciente de Argentina, marcada por el trauma que aún hoy supone la dictadura militar de 1975-1983, no es una materia fácil ni para la historia ni para la literatura. A ésta última le exige una honestidad que haga justicia con los hechos y por eso termina aproximándose a la primera. La versatilidad de la literatura, y la posibilidad de ampliar horizontes y romper con moldes o ideas preconcebidas, es algo manifiesto en la novela de Pron, que él mismo define con el, en principio paradójico, nombre de “novela de no ficción” (en conoceralautor.com).
Por otra parte, la experiencia real, en concreto la infancia del autor en un contexto familiar y socio-político muy preciso, constriñe el paso a la no ficción. Ser testigo de una experiencia “diferida” exige sus propios recursos. Coherentemente con esa historia de los vencidos debe de encontrar su propia voz para hacerse citable para la historia.
En este sentido hemos analizado los dos rasgos principales de la construcción del relato. Por un lado tenemos el constante cuestionamiento del yo del narrador, de su memoria y de las estrategias discursivas que emplea. Por el otro el uso del material documental expuesto sin intermediación. Pero también hay un elemento de peso en la composición de la novela que es, sin duda, la alusión, el coqueteo y finalmente el rechazo del género negro.
Respondiendo al reto de Aira, la respuesta que Pron da es la ruptura con el modelo genérico más previsible a la hora de enfrentarse a una historia como ésta. El rechazo a escribir una novela policíaca está lleno de significado: responde con honestidad a esa historia de sus padres que por diversos motivos no encaja en una ficción criminal (por el carácter de esa generación y por lo conservador del género), pero también hace que la mirada del lector se pare y reflexione, al ver roto el horizonte de expectativas de una novela negra. Este gran ejercicio de desautomatización podría ser quizá la actitud de la que habla Aira, que lo escrito se vuelva documento.
Retomando la discusión, con la que iniciábamos este artículo, sobre las fronteras entre los relatos históricos y los literarios, pensamos que la novela de Patricio Pron puede servirnos de ejemplo de la fertilidad cognoscitiva que aparece cuando historia y literatura se mezclan ofreciéndose estrategias para la representación de la realidad. Como ya sabía Aristóteles literatura e historia no se diferencian por el tipo de relato que emplean, sino porque una es verdadera y la otra verosímil, aprovecharse de esta circunstancia (la de la similitud de los relatos) ya sea en una dirección o en otra, ha sido a lo largo de la historia una fuente de enriquecimiento para ambas, tal y como explicaba Ginzburg en el epílogo a El regreso de Martin Guerre. De esta manera es posible saltar las fronteras y permitirse definir una novela novela de no ficción y la necesidad que algunos tienen de verdad también se puede hallar en la literatura, que, al fin y al cabo, no deja de ser también considerada por sus valores heurísticos.
Al final del libro de Pron se recoge una cita de Muñoz Molina en la que afirma que “Una gota de ficción lo tiñe todo de ficción”. Me atrevería a pensar que muy al contrario, esa gota de ficción no sólo no invalida lo que le rodea como fuente de conocimiento de la realidad, sino que incluso puede llegar a ofrecer nuevas estrategias o nuevos recorridos por los que los lectores accedamos a espacios y tiempos que de otro modo nos sería imposible.

BIBLIOGRAFÍA
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Entrevista a Patricio Pron (2011) [http://www.conoceralautor.com/entrevistas/ver/MjAzMA==] 20/07/2011 [última consulta 17/05/2012].
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--- (2006) “Apéndice. Pruebas y posibilidades (Posfacio a Natalie Zemon Davis, Il ritorno de Marin Guerre. Un caso di doppia identità nella Francia del Cinquecento, 1984)” El hilo y las huellas. Lo falso, lo verdadero y lo fictiticio, Buenos Aires, FCE, 2010.
Escur, N. (2011) “Nuestros padres nos deben una explicación” [entrevista a Patricio Pron] [http://www.lavanguardia.com/libros/20110615/54170019056/nuestros-padres-nos-deben-una-explicacion.html] [15/06/2011] [última consulta 17/05/2012].
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White, H.(1973) Metahistoria: La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, México, FCE, 1992.



[1]En el epílogo a El regreso de Martin Guerre de Natalie Z. Davis (recogido en El hilo y las huellas) Ginzburg observa las oscilaciones entre novela e historia en cuestión tanto de forma como de contenido. Hasta que la novela no se consideró un genero suficientemente respetable, la historia sirvió de modelo formal al usar la literatura el cauce del relato para aportar rasgos de veracidad. En el origen de la novela moderna inglesa vemos cómo Jonathan Swift y Daniel Defoe enfatizaban en los títulos de sus obras la verdad de lo que iban a contar, prefiriendo el término history frente a ficction. El paso siguiente fue que el creciente prestigio de la novela sirviera como espacio para reflejar lo que la historia no recogía: la vida cotidiana, tal y como Balzac o Manzoni proponían, ocupando un lugar vacío dado que la historia se preocupaba sólo por la altas esferas de la política. Recientemente, uno de los giros de la historiografía consiste en volver la mirada precisamente hacia aspectos la historia de la vida de las gentes comunes de la que solía ocuparse la novela. Así, por ejemplo, el giro que ha dado la historiografía hacia la historia de las mentalidades en el último cuarto del siglo XX.

[2]Tomada de la novela de César Aira, Las tres fechas.

[3]Como reconoce el autor en la entrevista concedida a la página http://www.conoceralautor.com.